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lunes, 9 de septiembre de 2013

La edad no influye sí de verdad se ama - Capítulo 1 "El Comienzo"


Era un día tranquilo en la ciudad, eran alrededor de las cinco de la tarde por lo que todavía había una chispa de sol avisando que no faltaba demasiado para poder visualizar el atardecer. Casi nadie caminaba por las calle pues todos estaban en sus casas perdiendo el tiempo o descansando. Excepto un chico.




Aquél chico caminaba despistadamente por las calles pensando que era el único afuera. Era un chico de 15 años, bastante bajito pues medía 1.50 de estatura. Se le podía ver caminando con un rostro despreocupado y sí se prestaba más atención, sus cabellos castaño oscuro cambiaban de color drásticamente por la luz que emitía el sol, que poco a poco anunciaba su partida. De ojos color azul marino, tan profundos y misteriosos como el mar, de tez pálida, la cual servía para profundizar y realzar aquellos ojos. Era un chico tímido, amable y atento pero muy nervioso. Siempre se le podía observar caminando sin un destino o en algún parque leyendo o tocando la guitarra; aunque aquellos días en los que no podía salir de su casa se quedaba en su habitación cantando pues era algo de su persona que le daba vergüenza mostrar a la gente: Michio Shouta.

Alguien más caminaba del otro lado de la cuadra. Un chico de cabellos color castaño claro de 25 años de edad. Tenía unos ojos que llamaban la atención por su color verde, un verde intenso, que no cualquiera pudiera tener, de piel bronceada. Siempre se le podía ver con una sonrisa en el rostro, algo característico de su persona. Era un joven inteligente en cuanto a sus decisiones, un chico tranquilo y sincero. Le encanta nadar por lo que es un buen nadador, le gusta leer y ver algunos animales pequeños, aunque no tiene ninguno por ser un tanto descuidado.

Este último caminaba tranquilo con rumbo a su casa después de hacer su ejercicio favorito. Soltó un suspiro y continuó con su camino, distraído en realidad, hasta casi chocar con alguien que paseaba frente a él- Lo siento –se disculpó con el otro, sonriendo un poco.Michio se sorprendió un poco al encontrarse tan cerca, a punto de chocar, con el extraño- L…lo siento… - dijo ligeramente sonrojado por la vergüenza que acaba de pasar por andar distraído.

Observó como el mayor negó un par de veces, sonriendo al final- Descuida, por cierto… Me llamo William –comentó mientras le extendía su mano- Un gusto.

El azabache le miró un tanto confundido, pues estaba acostumbrado a estar solo; muy pocas personas le hablaban aunque… comenzaba a pensar que solo eran sus padres quienes lo hacían. Le extendió su mano, correspondiendo el saludo- Mucho gusto, yo soy Michio –le sonrió tímidamente.

-Lo siento, creo que interrumpí tu camino –comentó el ojiverde, riendo nervioso- ¿Te dirigías a alguna parte, Michio?

El pequeño negó con la cabeza- N…no, solamente estaba caminando, ¿y usted? –preguntó con curiosidad, algo le había atraído de aquél chico, aunque aún no sabía qué; suponía que fueran aquellos intensos ojos verdes.

-En realidad solo me dirigía a mi casa –respondió el otro mientras señalaba el camino hacia el lugar mencionado- ¿Sabes? Deberías ir con más cuidado, más sí no tienes lugar a cual dirigirte, llegarás a perderte –le advirtió, ladeando un poco la cabeza al observar al menor, de alguna manera, le preocupaba.

El menor negó con la cabeza nuevamente- Ya lo he hecho antes y cuando me pierdo he llegado a encontrar mi casa –contestó con una amable e infantil sonrisa- “así llego tarde a mi casa” –pensó para luego suspirar.

A Michio no le agradaba estar mucho tiempo en su casa, sus padres querían controlar cada parte del menor y eso al peli castaño no le agradaba pues siendo un chico muy apegado a sus sentimientos le disgustaba que le controlaran aunque la mayoría de veces no hacía nada para poder evitarlo.

-Ya veo- respondió el mayor -Aunque no deberías pasear solo, ¿qué dirán tus padres sí algo te ocurriera?

Michio suspiró pesadamente al escuchar la pregunta ajena- Estoy seguro que sería una gran bendición para ellos –su mirada, conforme a sus palabras, se fue tornando triste pero al recordar que estaba con un desconocido reaccionó tratando de recobrar la compostura que le habían inculcado- p…perdón, no debería estarlo molestando.