En aquel beso había comenzado una nueva manera de amarse, quitando de en medio las palabras que solo les habían servido para confundirse sin querer.
El beso era tierno, una forma que ocupaban para apenas conocerse además de que Will no quería presionar al menor en algo, que estaba casi seguro, no tenía experiencia.
A los pocos segundos se separó el ojiverde del azabache para luego acariciar cálidamente el cabello ajeno, aprovechando también a apartarlo del rostro del menor. Le sonreía feliz, olvidándose de todo lo que pudiera ocurrir, en ese momento sólo estaban ellos dos y nada más.
Poco después el mayor volvió a acercarse a los labios ajenos- Mich... -Murmuró justo antes de volver a besarle, ahora de una forma mas profunda. Michio, por su parte temblaba ligeramente estando debajo del cuerpo ajeno sin saber que hacer pues con Will había sido su primer beso. Para el ojiazul, el mayor movía sus labios como un experto sin saber que también para el ojiverde era algo nuevo aunque le ayudaba el hecho de tener una diferencia de diez años.
Después de un rato, el mayor se separó de los labios ajenos, sintiendo la necesidad del cuerpo de respirar, pues aunque no quería separarse de los labios del menor tenía que hacerlo. Se le venían muchas cosas en mente, cosas que en su situación eran ilegales.
El menor tenía sus brazos pegados al pecho, impidiendo de alguna forma la mayor cercanía posible entre los dos por lo que el ojiverde se separó de nueva cuenta, rozando los labios ajenos sin querer separarse mas y con una sonrisa cálida le miró a los ojos, que en ese momento destellaban un brillo sin igual- Me gustaría que me abrazaras, Mich. -Le dijo en voz baja contra los labios ajenos como si hubiera adivinado los pensamientos del menor cerrando los ojos sin dejar de sonreírle- ¿Sí? -El menor, al no saber que hacer con su cuerpo en ese momento asintió mientras respondía con un "sí" en voz baja, apenado le hizo caso al ver como su amado "amigo" cerraba los ojos y le abrazó con una timidez característica de él, sintiendo como su cuerpo se embriagaba de felicidad.
- Mich... ¿Te molesta... si vuelvo a besarte? -Preguntó el ojiverde, inseguro pues lo que menos quería en ese momento era hacer algo que el menor no quisiera.
- N-no... -Respondió avergonzado, sintiendo su rostro arder ante el momento tan especial entre ellos, momento que nadie lo iba a poder reemplazar. William sin pensarlo dos veces volvió a besarle, llevando su lengua dentro de la cavidad ajena, recorriendo todo el lugar mientras se tomaba su tiempo disfrutando todo del menor, lo que provocó que Michio se sonrojara aun más y que al mismo tiempo sus nervios aumentaran pues no sabía que hacer con la llegada de la lengua ajena por ello un ligero gemido salió de su boca ahogándose en aquel beso, recibiéndola inconscientemente. Pero aquel sonido lo había hecho sentir avergonzado y queriendo esconderse bajo tierra, pero en aquel encuentro tan hermoso con el mayor, el cual al escuchar el leve gemido, sintió que aquel sonido era lo mas hermoso que había escuchado y quería volver a oírlo, por lo que continuó con el beso mientras le acariciaba la mejilla ajena, manteniendo su equilibrio con la mano desocupada.
Poco rato después, el ojiverde se separó un poco para recuperar el aliento, sonriéndole al menor en todo momento.- Mich -Comenzó a bajar su mano, acariciando la suave piel del chico en el recorrido hasta llegar a la cadera, recorriendo su costado unos instantes- ¿Sabes? En este momento... eres muy lindo.
El rostro de Michio ardía por el momento ya que todas aquellas sensaciones eran nuevas para él. - W-will -Le dijo en un suspiro al sentir aquellas manos en su cadera por lo que el mayor se detuvo al momento de escuchar su nombre observando al mas bajo con preocupación.
- Creo que voy muy rápido, ¿no es así?
- A-algo... -Le respondió sonrojado, agitado y un tanto avergonzado ante las palabras que iría a decir- P-pero... me gusta -Admitió sin dejar de abrazarle, en parte porque no sabría que hacer con sus manos además de que le agradaba estar así con él, mucho mejor de como lo había soñado.
El más alto parpadeó un par de veces, sonriéndole amplio al final- Si es así, proseguiré... -Murmuró mientras su mano comenzaba a acariciar la piel del torso por debajo de la pijama- Si hago algo que te disgusta házmelo saber, ¿Sí? -El menor asintió dejándose hacer sintiendo todas aquellas sensaciones que le proporcionaba el mayor con tan solo tocarlo. El ojiverde se acercó de nuevo, dirigiendo sus labios al cuello ajeno para depositar un par de besos en esa zona, esperando a escuchar el gemir del menor.
- Aaah~ -Suspiró el ojiazul al sentir los cálidos labios del otro sobre su cuello. Estaba que moría de vergüenza pues aquellos sonidos que emitía eran bochornosos para él.
El más alto continuó con las caricias mientras sus labios bajaban poco a poco por el cuello del chico, dejando leves marcas sobre la piel ajena.
- Aahh~ W-will... -El azabache susurró el nombre del, que ahora sería, su amante combinado con pequeños gemidos que salían de la boca del menor a causa de las atenciones ajenas hacia su cuerpo.
- ¿Te gusta?... -Murmuró, el ojiverde, entre jadeos ocasionados por el momento, el solo escuchar al otro ocasionaba que comenzara a excitarse.
- S-sí...~ aahh~ -El azabache respondió entre suspiros sintiendo como poco a poco su cuerpo comenzaba a reaccionar.
Sus respiraciones se unían cada vez mas rápido, los latidos de su corazón se aceleraban a cada segundo mientras comenzaba a notarse pequeñas marcas de sudor a causa del momento tan... íntimo y especial.
- Hn... -El ojiverde dirigió su mano hasta uno de los pezones del menor, apretándolo un poco al sentirlo duro- Michio... -Murmuró su nombre, lamiendo un par de veces su cuello- Eres... tan lindo...
- Aaah~ -El menor gimió al sentir el apretón en su pezón, sintiendo como su cuerpo se llenaba cada vez mas de placer ante las deliciosas caricias y atenciones que tenía el mayor hacia él.
Se acercó, el mayor, al oído ajeno, lamiendo el contorno con lentitud mientras continuaba apretando el pezón del menor con un poco más de fuerza mientras el menor gemía ante las nuevas sensaciones, tratando de callarlos sin poder lograrlo, sonrojado por la vergüenza y el placer del momento- Tus gemidos me fascinan, Michio... -Le murmuró, el ojiverde, en el oído, dando una pequeña mordida en el lóbulo poco después. Se separó un poco, posicionando su rostro frente al otro para dedicarle una leve sonrisa- Michio... y-yo... -Le observó a los ojos fijamente, encantado por el brillo que encontraba en ellos- Creo que necesito de tu permiso para, proseguir...
- T-tengo miedo... -Confesó tiernamente, Michio, avergonzado y jadeante por la respiración agitada mientras le observaba con ojos de deseo, pero al ser su primera vez, el miedo estaba presente.
- Seré cuidadoso... -Respondió en voz baja, besando de nuevo los labios del menor, de manera suave, intentando transmitir un poco de confianza en el otro- ¿Qué dices?
- D-de... de acuerdo -Respondió el ojiazul con una ligera sonrisa, pues había sentido la confianza que el otro le había transmitido, sonrisa que correspondió el mayor con suma felicidad mirándose con un brillo especial en los ojos.
William dirigió su mano al pijama que traía el menor para comenzar a desabrochar los botones lentamente, sin dejar de observar a su amado. Mientras, el azabache cerró los ojos al sentir como lentamente iba a ser despojado de su ropa. Con cuidado comenzó a quitar la parte de arriba de la pijama, observando de reojo la tersa piel del menor- Mich... -Con un par de dedos comenzó a acariciar la suave piel, sonrojándose de a poco. El ojiazul estaba completamente sonrojado, las tersas manos del mayor hacían que su excitación aumentara por lo que provocaba los suspiros de placer. El ojiverde bajó su mano hasta llegar al borde del pantalón, introduciendo su mano por debajo de este para seguir con las caricias- Ahh... Mich...
- Aahh...~ -Gimió al sentir la mano ajena en su entrepierna. Lo sentía extraño pero le agradaba aquella sensación. Sus manos se resbalaban del cuello ajeno a los hombros donde una mano bajó por el brazo del mayor tratando de sostenerse pues el placer y la felicidad de su sueño hecho realidad, le quitaba fuerzas.
El ojiverde comenzó a acariciar el miembro del menor por encima de su ropa interior, sintiendo como cada vez se endurecía más y más, al igual que escuchaba los gemidos del ojiazul, gemidos que lo excitaban- Mich... ¿Puedo pedirte... algo?
- ¿Q-qué? -Preguntó confundido y algo temeroso, pues todo era nuevo para el menor.
- ¿Podrías... tocarme... también? -Preguntó avergonzado y con la respiración agitada mientras observaba al chico fijamente, como si implorara aquel favor.
- P-pero... n-no... sé cómo -Le respondió el azabache avergonzado por los sonidos que había emitido momentos atrás.
El mayor sonrió un momento, tomando la mano del menor casi al momento- Es... algo así... -Llevó la mano del menor por debajo del pantalón de su pijama, haciendo que tocara un poco su miembro erecto- Hn... ¿P-Podrías... proseguir? -Sonrió como pudo, gimiendo por lo bajo- Inténtalo.
Nervioso el menor comenzó a mover su mano, tímido al sentir el gran miembro de su amado amigo. Sonrojado seguía gimiendo por las atenciones que el mayor retomó sobre su cuerpo. El pelicastaño mordió su labio inferior, entrecerrando sus ojos a causa de la excitación provocada por el leve rose- Hn... -Le observaba, moviendo un poco sus caderas para que el menor prosiguiera mientras los gemidos del otro, las caricias que recibía, todo eso se había acumulado, haciendo que comenzara a perder la cordura que hasta el momento había mantenido- A-Ah... -Tomó la mano del menor, alejándola un momento de su miembro para así poder comenzar a quitar su pijama- Hace... un poco de calor... ¿No lo crees? -Comentó entre gemidos roncos, sonriéndole apenas. Una vez que quitó la parte de arriba de su pijama, prosiguió con su pantalón, observando al menor en todo momento, intentando descifrar sus pensamientos- Mich... ¿Estás bien? -Preguntó con voz suave, logrando deshacerse de sus pantalones al fin- ¿Quieres que... prosiga? -El menor asintió apenado, nervioso y fascinado a la vez. El ojiverde sonrió un momento, acercándose para besar brevemente los labios del otro, separándose de nuevo, momentos después, para comenzar a bajar su ropa interior, tratando de ocultar la pena que sentía en esos momentos.
Por los mismos nervios a lo desconocido, el menor sin darse cuenta terminó por apoyar ambas manos en el pecho del mas alto sonriendo por el momento tan maravilloso en el que estaba a pesar de la vergüenza y al sentir aquellas cálidas manos, el ojiverde, sonrió sintiendo como su respiración se agitaba con gran facilidad- Mich... -Llevó ambas manos a los pantalones del menor, comenzando a bajarlos junto a su ropa interior lentamente- Te quiero, Michio...
Michio se sonrojó por completo al escuchar decir aquello a William, jamás hubiera esperado escuchar aquellas bellas palabras salir de la boca de su gran amor, y sin poder evitarlo le respondió con la misma frase- T-también... t-te... te quiero, Will...
El pelicastaño rápidamente terminó por quitar las estorbosas prendas del menor y de igual manera se sentó en la cama, con su espalda recargada en la pared, y se llevó consigo al ojiazul, sentándolo en sus piernas mientras admiraba el delicado cuerpo desnudo de su pequeño amado provocando la sorpresa y el aumento de tono en aquel carmín intenso que no se alejaba de las mejillas del menor al igual que el hecho de que se aferrara al sentir el cambio de posición- ¿C-Cómo te sientes, Michio?
- B-bien, ¿y tú? -Le regresó la pregunta tímido y apenado al verse tan descubierto frente al mayor.
- Muy bien -Respondió observándolo fijamente a los ojos, formando una pequeña sonrisa en su rostro- T-Tal vez... lo siguiente pueda... doler un poco... -Murmuró mientras con una mano acariciaba el miembro ajeno, repasándolo por completo por lo que el menor olvidó todo indicio de temor al escuchar la advertencia de William, gimiendo sin poder contenerlo- A-Aun así... ¿Quieres seguir? -Ladeó un poco su cabeza, esperando su respuesta mientras posicionaba un par de dedos en la punta del miembro, ejerciendo leve presión provocando que los gemidos de Michio aumentaran y así evitar dijera que no, pues el miedo que aparecía hacia lo desconocido y por las advertencias del otro era reemplazado por el placer que le brindaba. El ojiverde escuchó aquellos gemidos del pequeño, sintiendo como su erección se hacía cada vez más dura hasta el punto en que comenzaba a doler, aquella voz era simplemente algo que lograba enloquecerlo y como pudo sonrió al verlo asentir llevando su mano desocupada al mentón del menor para levantar su rostro- Te prometo que procuraré evitarlo lo mas que pueda -Respondió con la voz entrecortada, dedicándole una sonrisa al final.
Michio, abrazó con fuerza al mayor, queriendo sentirse protegido pues ahora tenía mas miedo que en un principio mientras William, volvió a besar al chico para distraerlo de lo que posteriormente haría, tomando el miembro ajeno para acariciar la punta y ejercer presión en ocasiones, acciones que provocaron que el menor ahogara sus gemidos en el beso.
Prontamente, al ser pequeño y su primera vez, de su miembro comenzó a salir liquido pre-seminal, razón por la cual el pelicastaño sonrió, jugando un poco con aquel cálido liquido para así escuchar más y más los gemidos ajenos aunque los de él no se quedaban atrás.
Después de un momento, llevó un par de dedos a la entrada del menor para así prepararlo utilizando su pre-semen como lubricante- Mich... -Se separó un poco para pronunciar el nombre, acariciando el borde de la entrada del menor- Te quiero...
Todas aquellas sensaciones estaban volviendo loco de placer al menor, era algo nuevo para los dos y ambos se sentían en el cielo al estar de aquella manera aunque eso no alejaba el miedo que tenía el ojiazul pero el ojiverde estaría ahí para cuidarlo y protegerlo.
- W-will... -Comenzó a decir, sintiendo como el pánico y el placer lo inundaban por completo, por lo que se recargó en el pecho ajeno para tratar de calmarse sin mucho éxito- T-tengo miedo...
- N-No tienes por qué temer... -Comentó mientras acercaba sus labios al oído del menor- Seré cuidadoso... -Completó, introduciendo lentamente uno de sus dedos en aquella entrada, moviéndolo con cuidado escuchando el gran gemido de dolor e incomodidad del menor, quien se aferró a los hombros del mas alto, mientras trataba de acostumbrarse a la intromisión- Mich... -Le susurró, intentando distraerlo al escuchar aquel gemido mientras que con la mano disponible tomó el rostro del ojiazul por el mentón, acercándole a su rostro para besarle de manera profunda, ahogando sus gemidos en este.
El beso fue de gran ayuda para disipar aquel dolor tan grande en su entrada virgen, sintiendo como poco a poco, los dos deseaban estar lo mas unidos posible. Después de un largo rato, Michio pudo acostumbrarse a dos de los dedos ajenos.
- Mich... -Se separó un poco al sentir como ya se había acostumbrado- T-Tengo que... entrar... -Dijo en voz baja, mordiendo el labio inferior del chico al final.
Lentamente, el pelicastaño, sacó sus dedos de la entrada del menor, tomándole con ambas manos, una vez terminó, para penetrarle con su erección mientras trataba de besarle correctamente pues aquella estrecha entrada lograba distraerlo pero al ojiazul solo le había provocado mas dolor, dolor que estaba dispuesto a soportar con tal de estar con su amado. Bajaba lentamente al menor, intentando bajarlo lo más lento posible a pesar de la ansias que tenía de entrar completamente en él- Ahh...
Pequeñas lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas del pequeño, pues era un dolor que hacía reaccionar a su cuerpo. Poco a poco sus gemidos de dolor se convirtieron en gemidos de placer, gemidos ahogados en aquel apasionado y romántico beso.
El placer que sentía, el ojiverde, en esos momentos crecía tanto por los sonidos que el menor emitía como por lo estrecha que estaba aquella entrada, en realidad, lo disfrutaba. Una vez que entró por completo en el chico, decidió permanecer quieto unos instantes para acostumbrarlo- ¡Hnn...!
Michio, por su parte, sufría al sentir "algo extraño" dentro de él sin poder acostumbrarse sin detener el beso, pues se había hecho adicto a ellos, obviamente, sin lengua pues aun era inexperto a pesar de lo que estaba haciendo en esos momentos.
William, se separó un momento, observándole con los ojos entrecerrados e intentando sonreírle- Mich... ¿P-Puedes... moverte? -Preguntó con la respiración agitada- Hnn... ¿S-Sí?... -El menor asintió sin poder negarse pensando en que así pasaría mas rápido el dolor y comenzó a moverse, lentamente mientras se sostenía de los hombros de su acompañante- Aahh...~ Mngh...~ -Gemía el pequeño cerrando los ojos ante la vergüenza que sentía en aquellos momentos. El mayor lo observó preocupado por lo que podría llegar a sentir- Michio -Llevó una mano a los cabellos ajenos, acariciándoles mientras con su otra mano se encargaba de masturbar el miembro del chico de una manera rápida- ¿T-Te gusta, Mich? -Preguntó entre gemidos, sintiendo su respiración acelerarse velozmente por los movimientos del menor sobre su miembro. El ojiazul asintió sin querer abrir la boca pues mordía su labio tratando de disipar aquellos bochornosos sonidos.
Los dos a pesar de todo, lo disfrutaban pues con el simple hecho de estar juntos eran felices. Ese momento era único para aquellos tórtolos, un momento especial, algo para ellos dos y nadie mas.
El pelicastaño, echó un poco la cabeza hacia atrás, disfrutando todo en ese momento, comenzando a sentir la necesidad de que aquellos movimientos del menor aceleraran rápidamente- M-Mich... Más rápido... -Pidió al momento en que apresuraba las caricias en el miembro ajeno. El ojiazul, al no poder ni querer negarse, trató de acelerar los movimientos, volviendo cada embestida más profunda y más placentera. Poco a poco el dolor en su entrada, fue reemplazado por el placer que aquel grueso miembro dentro de él le proporcionaba con cada certera embestida.
Uno al otro se sonrió, besándose con suma pasión y entrega mientras le abrazaba con fuerza, excitado por la fricción de ambos cuerpos sintiendo como el calor del momento iba en aumento.
Sus cuerpos sudaban y eso lo hacía más excitante por lo que el mayor se separó un poco sólo para dirigir sus labios al cuello del chico, dando leves mordidas alternadas con jadeos- M-Mich... -Dirigió su mano al miembro del menor, masturbándole de nueva cuenta, esperando que con eso la incomodidad del otro se disipara un poco, acciones que funcionaron pues al poco rato el menor estaba acelerando las embestidas sin dolor para complacer mas a su amado.
El miembro de Michio, nuevamente comenzó a sacar pre-semen acompañado de una pequeña corriente eléctrica que recorría su cuerpo, lo que le avisaba que pronto se vendría y al quererlo evitar por la pena se contuvo contrayendo su entrada a causa de su decisión- Aahh...~ aahh...~
Para Will, los gemidos del chico hacían que el calor de su cuerpo fuera en aumento al igual que el éxtasis del momento, respiró con dificultad, tratando de contenerse un poco más al sentir que prontamente se vendría- M-Michio... t-te sientes tan... bien... -Murmuró, sintiendo como su propio líquido salía sin aviso alguno.
El menor no respondió, pues todo el éxtasis del momento, de alguna manera, lo obligaban a venirse- W-will... m-me... aahh...~ v-vengo~ -Le avisó completamente rojo por la vergüenza que sentía en ese momento por lo que el mayor sonrió con dificultad ante esas palabras del otro, suspirando sobre su piel
- N-No te contengas... Michio... -Dijo en voz baja, rozando, con sus labios, la piel del menor.
- Mngh~ m-me da pena... -Confesó avergonzado queriendo que algo lo cubriera para que el mayor, su primer amor, no lo viera.
-Descuida... -Volvió a posicionar su rostro frente al otro, intentando conservar su sonrisa- Y-Yo creo que... me vendré contigo... -Gimió un par de veces, acercando sus labios a los otros- Hazlo...
Terminando de escuchar aquellas palabras, el ojiazul, no pudo contenerlo más y se corrió manchando sus cuerpos y la mano del mayor, escuchándose por toda la habitación un gemido de total placer- ¡Aahh...~! -Cansado se recargó en el pecho ajeno sintiendo aun las embestidas.
- Mich... -Soltó un suspiro largo al sentir parte de aquel cálido líquido en su abdomen, sonriendo para sus adentros en cuanto escuchó el gemir del otro- A-Ah... -Cerró su ojos con fuerza mientras rodeaba al menor con ambos brazos, de manera posesiva- Te quiero... Mich... -Murmuró, alcanzando a dar un par de estocadas más antes de correrse por completo dentro del otro, soltando un gemido ronco en el proceso escuchando el gemir del otro al sentir una consistencia espesa dentro de él.
- T-también... te quiero... -Le dijo con dificultad pues estaba agotado y con la respiración que lo hacía notar, sintiendo extrañeza por el semen del otro, se sentía incómodo, avergonzado.
El ojiverde, sonrió mientras intentaba recuperar su respiración y se separó un poco, permaneciendo aún dentro del otro un momento más y colocó su frente sobre la del menor, sonrojado levemente- M-Mich... ¿T-Te... arrepientes de... esto? -Preguntó en un murmullo, sintiendo algo de tristeza por alguna posible respuesta negativa.
- N-no... no me arrepiento... -Le sonrió con cansancio y como pudo acarició su mejilla- Te quiero, Will... -Se apegó mas a su amante ocultando su rostro en la curva de la unión de su hombro y cuello, sintiéndose avergonzado de lo sucedido pero no arrepentido- S-se siente... extraño...
- E-Espera... lo sacaré de allí... -Dijo mientras colocaba ambas manos alrededor de la cadera del menor, soltó un suspiro, satisfecho en realidad-¿Listo, Mich? -El menor asintió y cerrando los ojos se sostuvo de los hombros ajenos mientras el ojiverde hacía lo mismo alzando al menor por las caderas para lentamente ir saliendo de su interior- Hn... -Mordió su labio inferior, aguardando un par de gemidos hasta salir por completo. Lo que provocó pequeños gemidos inocultables por parte del menor.
Michio, sentía algo liquido escurrirse de su entrada y resbalar por sus piernas, sonrojándose por ello mientras el mayor lo colocaba sobre sus piernas, observándole fijo, de manera gentil mientras llevaba sus manos al rostro del chico, acariciándolo- Lo disfruté mucho... -Comentó con voz suave, acercándose después para depositar un pequeño beso en la punta de su nariz.
El azabache sonrojó y sonrió, a pesar de la vergüenza lo había disfrutado mucho- Yo también lo disfruté... mucho... -Se atrevió a susurrarle- Estoy cansado y me siento extraño -Le dijo ocultando su rostro, no quería que lo viera de aquella forma tan bochornosa, o eso así lo pensaba.
- Entonces, será mejor que descansemos -Comentó sonriente mientras acariciaba sus cabellos con cierta ternura- Supongo que... la sensación se pasará con eso -Acercó sus labios al oído del menor- La siguiente vez... ya no lo sentirás tan extraño -Murmuró, riendo un poco al ver la reacción del chico, pues lo único que hizo fue sonrojarse y, con un poco de dificultad y mucha ayuda del mayor, se recostó en la cama cubriendo su entrepierna por pena esperando a que el otro le abrazara, lo cubriera y protegiera con sus brazos, pues aquello de la segunda vez no se lo había puesto a pensar, ni siquiera había pensado en aquella primera vez.
Se recostó a un lado del menor, acercándose de inmediato para rodearlo con ambos brazos fuertemente, dedicándole una leve sonrisa al final- ¿Te incomoda si duermo abrazándote? -El ojiazul negó con la cabeza.
Michio, más bien, se preguntaba qué sucedería después de aquel encuentro aunque le agradaba pensar que de ahora en adelante iban a estar juntos, pero había muchas cosas que no lo irían a permitir: Sus padres, la edad, la sociedad, la ley. Aquellos pensamientos agotaron aun más al menor por lo que quedó completamente dormido sin darse cuenta.
Will, al verlo dormido, sonrió y besó la frente del pequeño y sin pensar nada más en lo maravilloso que la habían pasado, se quedó profundamente dormido abrazado al menor.
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miércoles, 27 de noviembre de 2013
martes, 19 de noviembre de 2013
La edad no influye si de verdad se ama - Capítulo 7 - Sueño
El
menor se despertó por la mañana sintiendo como estaba un poco inmovilizado por
alguien, miró bien y fijó su vista en los brazos que lo rodeaban y en las manos
que reforzaban aquel abrazo tan cálido, sonrojándose por ello. Con un poco de
esfuerzo, volteó a ver el rostro del mayor, pues lo tenía abrazado por la espalda.
Sin que aquel, ligero, sonrojo desapareciera, sonrió feliz de que el sueño, que
había tenido por tanto tiempo desde que le comenzó a gustar el ojiverde, se
haya convertido realidad, o al menos una parte.
Sin
poder hacer nada, esperó a que el mayor despertara; cosa que no sucedió mucho
después. Will, al verlo despierto y mirándole, sonrió.- Buenos días, Mich.
Michio
se sonrojó un poco más.- B-buenos días, Will. –sonrió un tanto nervioso al
verlo, despierto y tan pegado a él.
William
sin pensarlo dos veces, besó al menor en los labios; un cálido y tierno beso en
los infantiles e inexpertos labios del ojiazul, lo que provocó un sonrojo aún
más fuerte en el rostro de Michio.- Es tan hermoso despertar contigo en la
mañana –Le dijo el ojiverde con una sonrisa haciendo cada vez más fuerte el
abrazo.
-
¿Q-qué h-haces, Will? –preguntó el menor con todos los colores en el rostro por
la acción del otro, tartamudeando, y sintiendo que esto no podía estar pasando
pero a pesar de sus pensamientos no pudo separarse del mayor, ni siquiera
intentarlo. Le había gustado aquel roce de labios, era algo nuevo para él y qué
mejor de la primera persona de la que se había enamorado.
-
Beso a la persona que más amo en este mundo. –respondió con una sonrisa,
acercándose lentamente a los labios ajenos para, de nuevo, besarlos, lo que
provocó que el menor despertara de verdad, a la realidad.
Aún
era de madrugada, seguía obscura la habitación a excepción de un pequeño rayo
de luna que se colaba por la ventana. Sí, William tenía abrazado al menor
fuertemente, pero Michio no lo sentía como en su sueño, era diferente; era un
abrazo de amigos. Suspiró y miró el reloj -4:00 am-. No tenía sueño, tal vez si
le quitaba un poco de leche al mayor, podría volver a dormir.
Al
intentar zafarse del abrazo del ojiverde no pudo, tenía bastante fuerza, o al
menos eso creía el ojiazul.
-
Will... –comenzó a mover al mayor despacio mientras susurraba como si alguien
más estuviera dormido en la habitación.- Will...
Después
de tanto movimiento por parte del menor, por fin despertó, bostezando un poco-
¿Y-ya amaneció? –preguntó aun adormilado, sintiendo mucho, demasiado, sueño.
-
No... –el ojiazul detuvo sus palabras un momento. Will se veía maravilloso con
esa poca luz de luna de la habitación, tan pegado a él que había desconcentrado
al menor.- Lo siento, es que me desperté y no puedo dormir...
El
ojiverde le sonrió cálido- No te preocupes, ¿quieres un poco de leche o quieres
platicar un rato? –le miraba un tanto adormilado y bostezando un poco.
-
Está bien un poco de leche... –comentó- Todavía tienes sueño y no quiero ser el
culpable de que te desveles... –le respondió preocupado por el sueño del mayor
mientras que este curiosamente no dejaba de abrazarle.
El
ojiverde asintió sin dejar de sonreír- Espérame, iré por ella –comentó
comenzando a levantarse por lo que el menor le tomó del brazo deteniéndolo.
-
No te preocupes, puedo ir yo –le aclaró el ojiazul con una ligera sonrisa y un
leve sonrojo.
-
¿Qué te parece si mejor vamos los dos? –preguntó entusiasmado el ojiverde, con
una sonrisa sincera a pesar de su sueño.
El
azabache se puso un tanto nervioso ante la idea pero terminó asintiendo, al fin
y al cabo era casa de William, además de que el menor era muy asustadizo. El
pelicastaño le extendió la mano como invitación a que bajaran de la cama para
ir por la leche del menor, por lo que Michio, sonrojado y apenado, tomó la mano
ajena para ir juntos, así, a la cocina.
Justo
cuando se levantaban, el pijama que traía puesto el menor, resbaló por su
hombro, y en el instante un rojo carmesí apareció en los rostros de los amigos.
-
Creo que hay que arreglar ese pijama –comenzó a hablar el ojiverde, sintiéndose
nervioso al ver al menor tan… provocativo. Hizo una pausa y suspiró para luego
continuar- Sino, despertarás sin ella –al momento en que terminó de articular
aquellas palabras, se dio cuenta del doble sentido que poseía aquella frase por
lo que no pudo evitar sonrojarse. ¿Por qué estaban pensando en eso? Sabía lo que
sentía pero no sabía si sería justo y bueno para el menor.
Sin
darse cuenta llegaron a la cocina, aun tomados de la mano. Al estar en su
destino, el ojiverde, soltó la mano del menor para tomar un par de vasos y
servirles leche, pues con sus pensamientos había logrado despertarle.
Una
vez terminó de servir la leche en los vasos, le entregó el suyo al menor para
posteriormente beber un pequeño sorbo.- ¿Todavía no tienes sueño? –preguntó con
un poco de interés el ojiverde por lo que el azabache negó con la cabeza algo
apenado.
-
Si tú tienes sueño, puedes dormir. Yo creo que con la leche debería darme
sueño. –comentó apenado el menor al pensar que le daba muchas molestias al
mayor y no quería eso.
El
pelicastaño negó con la cabeza, ligeramente- Podemos hacer algo para que nos de
sueño –comentó con una risilla torpe al final- Si quieres podemos jugar un poco
más con la consola –esperaba la respuesta del otro, algo nervioso. No sabía que
le estaba ocurriendo, estaba un poco vacilante con respecto a sus sentimientos
y como dárselos a entender al menor sin asustarlo, ya que una diferencia de
diez años en la edad, se le hacía demasiado y más tomando en cuenta el hecho
que el muchacho aún estaba en secundaria y él, ya tenía una carrera hecha, un
futuro que, de alguna forma, ya estaba escrito. No quería arruinar la vida del
ojiazul por unos sentimientos que podrían ser temporales.
-
¿Will? ¿Will? –preguntó repetidas veces el menor al ver que su amigo no
reaccionaba pues tanto se había quedado pensando respecto a sus sentimientos
por lo que no había escuchado al menor emocionarse con respecto a los
videojuegos.
-
¿Eh? ¿Qué ocurre, Mich? –preguntó como si nada hubiera ocurrido por lo que el
ojiazul se le quedó viendo un poco preocupado pues que se “fuera” así tan de
repente, lo desconcertaba.
-
No reaccionabas –le respondió aun preocupado, dudoso al verlo comportarse de
aquella manera por lo que el mayor negó con la cabeza, avergonzado, riendo
torpemente antes de disculparse.
-
Lo siento, me quedé pensando en algo –le dijo con su sonrisa carismática que
tanto le agradaba al menor quien asintió pensando en que el otro no quería
hablar de ello- Mejor subamos a jugar.
William
seguía pensando en el mismo tema, aunque tratando de no “irse” por completo
como hace rato pues no quería preocupar, más, al menor. No sabía qué hacer, ¿le
decía que le correspondía o no? Esa era una decisión difícil.
Michio,
por su parte, caminaba en silencio preocupado por su único amigo y amor. ¿Qué
le podría estar pasando? ¿Tal vez podría no saber cómo deshacerse de él?
Aquellas preguntas no dejaban en paz los pensamientos del pequeño enamorado.
Llegaron
a la habitación y Michio se sentó al borde de la cama con el vaso de leche en
sus manos, el cual ya iba por la mitad. Mientras, William ponía su vaso en el
mueble de noche para encender de nueva cuenta la consola.
Todo
estaba en silencio…
Una
vez estuvo todo listo, comenzaron a jugar, ahora con un videojuego para dos.
Iban empatados y en el último encuentro, tuvo la suerte el ojiazul de ganar.
Festejó y rio divertido ante su victoria por lo que el ojiverde, como desquite,
comenzó a hacerle cosquillas riendo divertido.
-
¡Para! ¡Para! Jajaja –le pedía sin lograrlo por completo, pues la risa era
demasiada.
-
¡No! Jajaja –reía junto con el menor, hasta que los dos se agotaron, por lo que
el ojiverde quedó encima del azabache.
Respiraban
agitados, sintiendo aun las ganas de reír pero… ese momento no sería solo de
pura risa y pensamientos extraños.
William
sintió la respiración agitada del menor, quien estaba sonrojado al estar en
semejante situación, sintiendo como su rostro ardía y su corazón quería salir
de su pecho mientras el mayor sentía cada vez más como aquél sentimiento que
había estado enterrando, salía con cada respiración de ambos, obligándolo a
hacer una locura.
-
Mich… -susurró aun agitado viendo directamente a los ojos del menor, sin
despegarse ni un momento, al contrario se acercó más y más hasta estar casi a
punto de rozar los labios ajenos.
-
W-will… -murmuró, sonrojado, nervioso, asustado, emocionado y sintiendo como se
llevaba el mayor su alma por medio de su aliento. No sabía exactamente que
sucedía. Su corazón latía con fuerza y su cuerpo no reaccionaba a las órdenes
del agobiado cerebro de Michio.
-
¿Puedo? –preguntó acercándose más y más a los labios del más chico, olvidando
cualquier riesgo o consecuencia.
El
ojiazul, sonrojó aún más sintiendo como su corazón se aceleraba y detenía al
mismo tiempo en ese momento. Nervios, asustado pero queriendo estar con el otro
a pesar de no saber cómo. Asintió sin separarse- S-sí, Will.
En ese momento, surgió un nuevo sentimiento en
ambos. Con ese beso se dijeron todo sin emitir ningún sonido. Solo eran dos
almas queriéndose demostrar su amor de alguna forma, y aquella fue la correcta.
viernes, 15 de noviembre de 2013
La edad no influye si de verdad se ama - Capítulo 4-5 – Pensamientos
William
“¿Qué
es lo que realmente siento por Michio?”
Esa
era la pregunta que inundaba la mente del castaño, dejándolo pensativo en la
habitación, sobre su cama, sin intención alguna de dormir o al menos de intentarlo,
parecía como si un nuevo interés se haya presentado, o tal vez, gracias a la
declaración del menor, un nuevo sentimiento haya sido encontrado en él.
Dicen
que para el amor no hay edad, pero eso se aplica en casos donde alguno de los
dos amantes sobrepasa al otro por cuatro o cinco años, tal vez también se
presente en las personas grandes que acaban de encontrar a su amor, su caso era
diferente, eso estaba claro.
Para
comenzar, él ya era un hombre “hecho y derecho” tenía un sueño en mente al
igual que una meta por lograr, tenía sus pasiones y aficiones en claro, estaba
consciente de la realidad en la que vivía y, tomando en cuenta al resto de los
reinos a su alrededor, estaba consciente de los peligros que acechaban a su
raza.
En
cuanto al menor, aún vivía con sus padres, posiblemente, por la edad que tenía,
aún no tenía en claro sus gustos o metas a largo alcance, tal vez no se había
desenvuelto del todo con su entorno o parecido, peor aún, tal vez sólo se había
encaprichado con él y no era realmente lo que quería. Tenía que admitirlo, le
daba un poco de miedo que solo fuera “un juguete nuevo” para el menor, no
quería ser utilizado y menos cuando él estaba considerando aceptar los riesgos.
Sin
embargo, había algo dentro de él que pedía tener al menor a su lado, no por el
simple hecho de que se haya convertido en su amigo, sino por la confianza tan rápida
que había depositado en él, no por el simple hecho de tener algunos gustos
similares, sino por el hecho de disfrutar el compartir sus gustos con el menor,
no por el simple hecho de que el menor se le haya declarado, sino porque él
sentía lo mismo.
“Sentir
lo mismo”
Posiblemente
esa sea la respuesta y, aunque no estaba seguro de cuanto podrían durar juntos,
estaba convencido de que el tiempo que durara sería algo especial, sólo
esperaba que no fuera un simple juego del menor, de ser así no lo reprendería,
después de todo él era parecido cuando tenía esa edad, pero eso no quitaría el
dolor que posiblemente sentiría si ese fuera el caso.
-Aun
así, pienso que…-
lunes, 11 de noviembre de 2013
La edad no influye si de verdad se ama - Capítulo 6 – Confusiones decepcionantes
Todo
había estado en silencio, sin respuesta de ninguno de los dos hasta que el
mayor se atrevió a comenzar, nuevamente, a hablar- ¿Sabes? Estuve pensando en
lo que me dijiste, y solo puedo decirte que... –rio un poco- Me has dejado
confundido. Eso es extraño, ¿no lo crees?
-
¿Confundido? ¿Por qué? –preguntó el menor con un rostro, confundido y
sorprendido por su respuesta. “¿Será que si me corresponde o no quiere romper
mi corazón?” Le miraba atento.
-
Porque... hasta momentos antes de que dijeras eso, yo sabía que te quería como
a un amigo, después... después no supe nada mas –rio de nuevo, bebiendo un poco
de jugo, sin quitar la mirada de este al igual que el menor.
El
menor se quedó estático, aunque aparentaba haberlo estado así desde que comenzó
la conversación- De verdad no tienes porqué torturarte con eso, como ya te dije
es algo que se me pasará... –“¿Por qué le decía eso? ¿Por qué no le insistía,
teniendo la oportunidad perfecta?” Simple, no quería obligarlo.
-
Lo sé pero, tal vez, yo tarde un poco más –sonrió el ojiverde mientras
observaba su jugo de nueva cuenta, sintiéndose algo avergonzado por lo dicho.
-
¿Por qué tendría que ser así? –preguntó dándole un sorbo a su jugo, sintiendo
como le refrescaba aquel líquido la garganta. Las insinuaciones del mayor no
las entendía, era muy pequeño como para tener conocimiento de eso.
-
Hn... –observó al techo, como si fuera a encontrar la respuesta en ese lugar-
En realidad... no lo sé –rio mientras volvía su mirada al menor- Comienzo a
pensar que no sé explicar lo que siento –trataba de decirle lo que sentía, pero
al no tenerlo claro le costaba expresarlo. Se sentía mal ante las respuestas
del menor, pues a pesar de no tener bien definidos sus sentimientos, aquellas
palabras indiferentes le dolían.
-
Tranquilo... –comentó el menor volteando a ver al mayor, chocando con su
mirada, lo que provocó que un sonrojo inundara sus mejillas, desviando la
mirada casi al instante- D-de verdad... no te preocupes...
-
Supongo que... gracias –le despeinó, resignado al ver la defensiva del menor y
terminó su jugo poco después- Dime... ¿Te gustan los videojuegos?
El
menor optó por tratar de olvidar la conversación, no quería hacerse falsas
ilusiones y mucho menos si se trataba de su nuevo y primer amigo. Se sonrojó
por la caricia, inevitablemente, sintiendo que otra vez sus emociones volvían a
‘molestarle’- Si, aunque no sé jugar muy bien –comentó un poco avergonzado al
no saber.
- Hn...
Creo que también tendré que enseñarte eso –comentó divertido el ojiverde
mientras se ponía de pie y dejaba su vaso, vacío, sobre la mesa más cercana-
Vamos a m cuarto –el menor imitó al mayor, dejando su vaso, casi lleno, sobre
la mesa para luego seguirle. El mayor le guió hasta la habitación y se dirigió
rápidamente a su consola, la prendió y tomó un par de controles- ¿Qué te
gustaría jugar? –le preguntó amable, con una sonrisa sincera.
-
N-no sé, lo que te guste más –respondió apenado el ojiazul, pues no sabía mucho
sobre el tema, muy pocas veces había jugado y ya tenía algo de tiempo. Se sentó
en la cama del otro.
-
De acuerdo –observó sus juegos, intentando escoger alguno- ¿Te gustan las
carreras? –le preguntó al menor, volteándole a ver. El ojiazul asintió para
luego seguir observando la habitación- Entonces creo que te gustará esto
–sonrió mientras colocaba el juego en la consola y llevó el control
correspondiente al menor- Solo que jugaremos por turnos, ¿de acuerdo?
-
Pero, tu primero... –le dijo infantilmente, pues no recordaba como jugar.
-
De acuerdo, observa –dijo el ojiverde mientras intentaba hacer una pose de
superioridad, riendo un poco por eso. Una vez el juego comenzó, tomó el control
con fuerza y trató de jugar lo mejor posible, para impresionar al menor, a
pesar de que no le fuera muy bien en ese videojuego- Primero, tienes que
apretar este botón para acelerar... y después este otro... y después...
–continuó explicando en el proceso, apretando los botones correspondientes
mientras el menor observaba con mucha atención, no quería quedar mal. William
no logró ganar pero al menos había quedad en un buen lugar por su esfuerzo-
Creo que... puedes hacerlo mejor –sonrió apenado mientras le cedía el control.
Michio tomó el control con algo de nervios y comenzó a conducir torpemente una
vez inició el juego, chocando con todo. El ojiverde rio un poco, divertido por
la situación- Debes apretar este botón y tratar de controlar esto de aquí...
–comentó divertido mientras señalaba lo correspondiente- ¡Tú puedes! –el
ojiazul, comenzó a conducir mucho mejor aunque aún chocaba de vez en cuando-
Conduces mejor que yo –comentó el mayor, divertido y asombrado ante el progreso
tan veloz del menor. Michio solo rio al escucharle y poco después terminó el
juego. Miraron las estadísticas y a pesar del gran avance del menor, había
quedado en penúltimo lugar. El mayor, divertido, mordió su labio inferior
aguantando un momento la risa- ¿Ves? Eres bueno, no llegaste en último lugar...
-
¡Oye! –expresó el menor divertido, riendo por lo mismo. Tomó la almohada del
mayor y comenzó a pegarle, teniendo cuidado de no lastimarle, aunque eso fuera
casi imposible.
William
se cubrió con uno de sus brazos, riendo más confiado- Parece que alguien se ha
enojado –dijo para después tomar su almohada que tenía el otro y quitársela en
juego- Creo que es mi momento de venganza –sonrió amplio y se acercó al otro,
intentando hacerle cosquillas en cualquier parte.
-
Jajajaja ¡No! Jajajaja ¡basta, basta! –trataba de apartarlo, retorciéndose ante
las cosquillas, era muy cosquilludo.
El
mayor negó un poco y continuó con lo suyo sin perder la sonrisa- Pero parece
que te estás divirtiendo, no creo para en un buen rato –bromeó, riendo al igual
que el menor, con la única diferencia que él lo hacía por diversión. El menor
aun trataba de apartarlo sin mucho éxito, sin parar de reír. El ojiverde
recostó al otro sobre la cama sin parar lo que hacía- ¿Ves? Es divertido
–siguió con las cosquillas hasta que, ‘sin querer’, quedó encima del otro.
Michio abrió los ojos y le miró, provocando el sonrojo de ambos. Todo se detuvo
en ese momento, o al menos para ellos dos. Sus corazones latían con rapidez,
sintiendo como su aliento chocaba uno contra otro por la cercanía. Esta escena
quedó así por varios segundos hasta que el ojiverde reaccionó y se acomodó a su
lado, cansado por el forcejeo del menor- Veo que eres muy fuerte... –comentó
como si nada hubiera pasado.
“¿Qué
había sido eso?” Se preguntaron los dos, mentalmente, sintiendo como todas sus
emociones sobresalían a través de su cuerpo.
Michio
había quedado estático y le costó más trabajo reaccionar pues, según él, tenía
ya sus sentimientos definidos y aclarados- Jeje gracias... –respondió tratando
de hacer lo mismo que el mayor, aun sonrojado y con la respiración agitada por
el juego.
-
Creo que estoy agotado –comentó mientras observaba el techo- ¿Qué me dices de
ti? ¿Estás cansado? –preguntó con la respiración agitada, sintiendo como el
corazón latía con rapidez. ¿Había sido por el juego o por lo que sucedió?
-
Si, también –respondió el ojiazul, aun agitado mirando, de igual manera, el
techo, tratando de no dirigirle una mirada al mayor.
-
¿Crees qué tus padres digan algo si no llegas hoy a casa? –preguntó, pues no
quería que se fuera el menor. “¿Por qué dije eso? Simple, estoy cansado y es
algo tarde, es peligroso” Trató de convencerse de una manera errónea el mayor.
El
menor se sonrojó por la pregunta “¿Por qué me pregunta eso?” Miró el cielo y ya
estaba por oscurecer “Se preocupa por mi” Pensó- No creo, ¿por qué? –decidió
preguntar, pues a pesar de ser un tanto directa la pregunta, no le satisfacía
lo que quería escuchar.
-
¿Quieres quedar conmigo hoy? –le sonrió un momento- Puedes dormirte en mi cama
si quieres.
-
Claro, me encantaría –respondió sonrojado, sin poder creer lo que había
escuchado- P-pero, ¿tú dónde dormirás? Me sentiré mal si tú, en tu casa,
duermas incómodo por mí. Prefiero dormir en el sofá.
-
Descuida, en algún momento compraré una cama más grande, va a ser falta después
de todo –se encogió de hombros, restándole importancia- Puedo yo dormir en el
sofá.
-
Sí, tendrás que hacerlo cuando tengas a tu pareja pero tranquilo, prometo
recordarte –comentó con tristeza, ocultando sus verdaderos sentimientos y
riendo divertido, como si se tratase de una broma, una broma muy pesada para
los dos. Pero esta noche, soy yo el que duerme en el sofá, de verdad –se sentó
en la cama- No te preocupes.
El
ojiverde se quedó estático al escuchar decir al menor sobre la pareja, y pensó
en decir algo con respecto a eso pero prefirió callar- ¿Por qué no dormimos
juntos? –preguntó sonriente- Los dos cabemos bien, ¿no lo crees?
Michio,
se sorprendió por completo a la pregunta, eso si no lo esperaba- ¡¿E-eh?! N-no
lo sé... –estaba rojo por aquella sorpresa. Él durmiendo con el mayor, ¡era
imposible!
-
Los dos cabemos en este lugar, la cama no está muy pequeña después de todo
–sonrío un poco más- Prometo no moverme mucho en la noche –bromeó.
Una
vez logró el mayor convencer, bueno, hacer que aceptara el dormir juntos hubo
un problema, pequeño; el pijama de Michio. El mayor, entre sus cosas aun
guardaba ropa que ya utilizaba por pequeña, entre ellos un pijama, el cual
consistía en un pantalón verde con pequeñas figuritas blancas y una playera
igual que el pantalón. Michio, muy propio, fue al baño a cambiarse notando que
a pesar de ser chica el pijama para el mayor, a él le quedaba un poco grande.
Salió del baño con su ropa doblada y peleándose con el pijama pues conforme
caminaba, comenzaba a caérsele. El mayor
ya se había cambiado, aprovechando que el menor estaba en el baño.
-
¿Te quedó bien? –le preguntó el mayor, a pesar de ser obvio pero no le importó
ya que lo que quería era asegurarse de que no pasaría lo mismo con el traje de
baño.
-
S-sí, un poco grande pero no creo que pase nada –le respondió con una sonrisa,
poniendo su ropa bien doblada en una silla.
El
ojiverde rio de manera leve y se recostó en la cama, dejando un espacio para el
menor- Esperemos que sea así, aunque podemos ocupar sábanas si eso te hace
sentir más seguro
-
N-no, no es necesario... De verdad, así está bien –dijo mientras se recostaba
junto a él, dándole la espalda. El mayor al tenerlo cerca sonrió y le abrazo
leve, soltó un suspiro y cerró los ojos.
Michio
se sonrojó por completo al sentir el abrazo por parte del mayor. Su corazón
latía con rapidez pero sabía que jamás podría pasar, o eso creía. Le miró de
reojo y suspiró, cerró los ojos conteniendo las ganas de llorar. “Aprovechar lo
que tengo” Es lo que pensaba pero costaba trabajo cuando la persona que le
gusta no le corresponde además de que era el único amigo que tenía.
William,
abrió los ojos un momento, sonriendo al ver al chico dormido, o eso pensaba él-
Descansa, Mich... –murmuró para después besar levemente la frente del menor, le
agradaba su compañía y al menos eso es lo que tenía que hacer por lo mal que se
había comportado el día anterior.
-
Descansa, Will... –fue la última respuesta de esa noche.
viernes, 8 de noviembre de 2013
La edad no influye sí de verdad se ama - Capítulo 4-5 – Pensamientos
Michio
“¿Qué
pasaría después de haberle dicho mis sentimientos? ¿Qué pensará? ¿Me
corresponderá o solo seré una persona más rechazada por su mejor amigo? ¿Es que
acaso yo no merezco amar? ¿O sencillamente no es él el indicado? ¿Por qué tenía
que enamorarme ahora? Apenas lo conozco, o sé de él. ¿Cómo pude, cómo puedo,
confiar en él? ¡¿Qué ha hecho él por mí?!”
Entonces,
fue en ese momento en que Michio se dio cuenta que William, a pesar de no haber
hecho nada por él, que cambiara algo (externo), esas pequeñas cosas, esas
pequeñas atenciones, lo habían ido enamorando…poco a poco…
“¡Yo
no me enamoro fácil! ¡Yo no lo amo! Entonces… ¿Por qué le había dicho que me
gustaba si no es así? ¡¿Por qué?! Es difícil.”
¿En
quién confiar si la persona a la que tanto confías, te gusta?
Ese
tipo de cosas volvían loco al menor. Estaba muy chico, de edad, como para poder
llegar a comprender algo así, como el sentimiento del amor, aunque no lo suficiente
como para no sentirlo por alguien externo a su familia. ¿Qué hacer en esa
situación? ¿Fingir que no pasaba nada?, ¿insistirle?, ¿huir?, ¿evitar el tema?
Todas esas opciones llegaron como gotas de lluvia en una tormenta, rápido, pero
no le convencían, no le agradaban, no le parecían. ¿Qué podía hacer? Esa era la
única pregunta que de verdad le perturbaba.
El
menor llegó a su casa, ocultando sus ojos rojos de tanto llorar después de
haberse desahogado, no por completo, justo después de haberle dicho lo que
sentía al mayor. “¿Me corresponde o no?”. Le quedó esa duda, después de ver la
actitud del otro en respuesta a su declaración. Caminaba de un lado a otro en
su habitación, hasta que por fin se agotó, física y mentalmente, de haber
seguido llorando y de torturarse mentalmente con respecto a lo mismo. Se
recostó en su cama, boca-abajo, viendo hacia la ventana en la que admiraba un
paisaje sombrío; lleno de nubes grises donde no podía verse el sol ni el rastro
de la luna, haciéndose notar que vendría una gran tormenta- El mundo se
solidarizó con mis sentimientos –murmuró, cerrando los ojos, queriendo dormir,
olvidarse de todo e implorando que nada hubiera ocurrido.
Se
quedó dormido por un par de horas, pues el cansancio era demasiado. Pasadas las
dos horas despertó, en la misma posición en la que se había recostado pudiendo,
así, observar nuevamente el paisaje en donde ya se notaba la gran tormenta
arrasar con todo sin poder destruir lo hecho por el hombre. Michio dio un gran
suspiro. Se levantó de la cama con un poco de flojera. De los cajones, tomó su
pijama y la colocó sobre su cama para así poder despojarse de su ropa y ponerla
en el cesto de la ropa sucia. Se colocó rápidamente su pijama, pues con la
tormenta hacía que el aire frío, se colara por las ventanas y puertas de la
casa, provocándole escalofríos al ojiazul. Terminó de vestirse y se cubrió aún
más, ya que, hasta él, admitía que era muy friolento. Tenía un poco de hambre,
por lo que decidió bajar a la cocina por algo que comer, pues se le había ido
el sueño con tanto problema mental y sentimental. Se preparó un vaso con
chocolate caliente, y tomó un pan de dulce, terminó y subió a intentar volver a
conciliar el sueño sin éxito.
Se
movía de un lado al otro de la cama, tratando de ignorar aquellos pensamientos
con respecto al ojiverde, cambiando de posición cada cinco minutos. Así pasó la
noche hasta que faltaban pocas horas para el encuentro tan poco esperado.
lunes, 4 de noviembre de 2013
La edad no influye sí de verdad se ama - Capítulo 5 – Las cosas nunca son como las vemos.
Aún
era de madruga. El día anterior el menor le había dicho lo que sentía al más
grande y no estaba seguro de si le correspondía o no pero lo que más imaginaba
era que no, tratando de no darse esperanza. Se quedó toda la madrugada
despierto, llorando mientras sus ruegos eran contradictorios al querer y no
querer, al mismo tiempo, ver a William. Mientras el mayor ya estaba flotando en
el agua recordando las palabras del menor respecto sus sentimientos, le había
tomado por total sorpresa, no sabía que decir o hacer pero lo que si sabía era
que Michio era menor de edad y él ya tenía veinticinco años, edad suficiente
como para pensar en los riesgos de esa relación.
¿Qué
sentía William por Michio? Esa era la pregunta, interrogativa que el ojiverde
no se respondía, sentía que no podía responder aquella pregunta pues la
diferencia de edad era, de verdad, notoria además de que el riesgo de una
relación entre ellos era elevado.
William
tenía los ojos cerrados flotando sin nadar ni un poco, esperando a que
“alguien” apareciera de entre los árboles aunque sabía que eso era casi
imposible si se toma en cuenta que era muy temprano y el sol no había salido
aún. Normalmente el solo hecho de practicar ese deporte hacía que el tiempo se
esfumara rápidamente, pero hoy era distinto, el tiempo corría como si no le
importase nada, de cierta manera, parecía que gustaba de torturar al castaño.
Soltó un suspiro y continuó con lo suyo, esperando a que la noche pasara
rápidamente para ver a aquella persona.
Poco
a poco fue amaneciendo y se acercaba cada vez más rápido el momento del
encuentro de aquellos dos amigos, por lo que Michio y William se ponían cada
vez más nerviosos, recordando sin poder olvidar el día anterior.
Micho,
por fin había podido conciliar el sueño, pues el cansancio físico y mental era
demasiado. Mientras, el mayor aun esperaba la llegada del ojiazul, tratando de
mantener aquella esperanza que le decía si
va a llegar aunque cada vez era mas difícil.
Después
de un largo rato, un rayo de luz, colado por la ventana, despertó al menor-
¿Hn? –se talló los ojos para despertarse aún mejor y sin muchas ganas se
levantó para entrar al baño y darse una refrescante ducha, pensando en que le
ayudaría un poco de agua tibia caer por su cuerpo, no fue así. Terminó de
duchar y se vistió con cualquier cosa, y aprovechando que sus padres aun no
despertaban, salió de la casa rápido para no ser notado para luego caminar sin
muchos ánimos hacia donde encontraría al mayor.
William
miró al ojiazul a lo lejos, sonriendo feliz al ver que si había llegado y no lo
había dejado plantado. Se iba a acercar rápidamente para abrazarle, pero no lo
consideró prudente después de lo sucedido del día anterior por lo que solo
salió del lago donde había estado flotando casi todo la noche- Hola, Michio –le
saludó con una ligera sonrisa.
-
Hola, Will –dijo el menor sin muchas ganas tratando de evitar la mirada del
otro.
-
Quiero platicar contigo, ¿podemos? –le preguntó un poco triste e incómodo por
la actitud, obvia, del otro.
El menor asintió. No estaba seguro de si quería
saber o no, tenía curiosidad, pero el solo hecho de haber más probabilidades de
ser rechazado le daba miedo ¡No quería saberlo! Pero nada podía hacer en esos
momentos, ya había aceptado la charla con el mayor y no tenía la suficiente
seguridad en ese momento como para negarse.
El
ojiverde le invitó a sentarse en la sobra de un árbol, pues el sol ya había
llegado a iluminar todo a su paso y para poder hablar de lo que quería el más
grande necesitaban estar concentrados y cómodos. Sin poder negarse, Micho, se
sentó sin verle a la cara, esperando a que aquella “tortura”, como le llamaba,
terminara pronto.
William
tomó asiento a lado de él y volteó a verle, dedicándole su característica
sonrisa- ¿Sabes? Me gustaría escucharte hablar –le dijo tratando de relajar el
ambiente, pues estaba un poco tenso para luego despeinarle ligeramente, acción
que provocó el sonrojo del menor.
“¡No
hagas eso!” Gritó en su mente Michio al sentir la caricia, pues había sentido
como su corazón se aceleraba con tan solo ver sonreír al otro y mucho más al
sentir su caricia “¡Si no me correspondes, ¿por qué haces eso?!” Pensaba
sintiendo como cada vez le costaba más trabajo contener las lágrimas- No sé
cómo qué decirte –le contestó tratando de sonar lo más indiferente posible, sin
dirigirle una mirada al mayor.
-
Tal vez podrías hablarme sobre lo que soñaste hoy. ¿No te regañaron por llega
tarde? –preguntó intentando que el menor entrara en confianza, pues notaba el
cambio de ánimo del otro.
-
Pues no, no me regañaron y no soñé nada –le respondió aun siendo indiferente,
estaba triste y no tenía ganas de demostrar cosas que no eran ni mucho menos
hacerle saber a su “amor imposible” que estaba triste, pues no le agradaba
causar lástima ni hacer sentir mal al otro por su culpa- ¿Y tú?
William
soltó un suspiro al oírlo, sabía lo que le sucedía, pero no quería mencionarlo
ya que no sabía si era prudente hacerlo o no- Ya veo… Yo recordaba mi sueño en
la mañana… por alguna razón lo he olvidado –rio con torpeza.
Michio
rio un poco pero sin muchas ganas- Siempre tan olvidadizo –le dijo sin, aun,
dirigirle la mirada, tratando de seguirle la corriente al mayor para no hacerlo
sentir culpable por la situación.
¿No
te ha pasado? A mí, me ocurre muy seguido –comentó, observando al menor- Lo siento,
Mich... –se disculpó en voz baja, colocando una de sus manos en la mejilla del
menor, el cual le sonrió melancólicamente- No te preocupes –le respondió
sencillamente, pues no era su culpa- Yo quería... –comenzó a hablar el mayor,
deteniéndose justo después- Iré a casa, olvidé mi ropa y tengo que cambiarme,
¿puedes acompañarme? –el menor asintió sin decir palabra. El ojiverde se puso
de pie y le extendió su mano, sonriéndole un poco- Esta es la primera vez que
me acompañas, así que déjame guiarte, ¿sí? –el ojiazul tomó su mano
exclusivamente para levantarse, sonrojándose un poco y comenzó a caminar a su
lado tratando de no hacer ningún contacto físico o visual- He notado que no me
has dirigido la mirada desde que llegaste –comentó el ojiverde mientras caminaba
rumbo a su casa, soltó un suspiro y prosiguió- ¿Por qué?
-
Porque aún me siento extraño –confesó sin mirarle, sonrojándose y entristeciéndose
al recordar el día anterior además de que por la actitud del otro, era obvio
que no le correspondía pues trataba de no tocar el tema.
-
No tienes porqué sentirte así. Si es por mi comportamiento, puedo cambiarlo –le
sonrió leve e iba a acariciar el cabello del chico pero se abstuvo- En
realidad, es la primera vez que me sucede algo así –rio un poco, continuando
con su camino.
-
No, no tienes por qué cambiar. Muchas personas me dicen que soy pequeño y que
este tipo de cosas se me pasarán rápido, lo superaré –le miró, por fin,
sonriendo con la misma melancolía de antes- Lo prometo.
-
¿Eso te han dicho? –continuó el ojiverde mirando hacia el frente- Cuando yo era
más pequeño me decían lo mismo, también me decían que no sabía lo que quería o
cosas por el estilo... Peo yo pensaba y sigo pensando que están equivocados.
-
Tal vez tengas razón, pero en este momento me gusta pensar que lo que dicen es
verdad –le contestó el ojiazul volviendo a agachar la mirada.
-
Yo... no sé qué puedo hacer para que vuelvas a tener la misma confianza de ayer
–suspiró, observándolo un momento para después volver su mirada al frente.
-
Prometo tratar de ser el mismo de antes –le dijo volteando a verle ocultando,
casi por completo, su tristeza. No quería que el mayor se siguiera sintiendo
culpable por la situación pues era culpa del menor, no de William o eso pensaba
Michio.
-
Eso me alegraría bastante –le sonrió el ojiverde, observándolo también- Por
cierto, esa es mi casa –señaló una pequeña casa un poco más al frente- Es algo
pequeña pero prometo arreglarla cuando vivamos jun… -se calló en el último
instante, decidiendo no terminar lo que estaba a punto de decir, no sabía que
reacción tendría el menor al respecto.
Michio
decidió ignorar el comentario, pensando en que sería lo mejor, aunque
internamente lo sintió como una cuchillada en el corazón, lenta y
profundamente- Es una bonita casa –mencionó tratando de sonreír como si nada
sucediese.
-
¿Eso piensas? –sonrió amplió el ojiverde y le tomó de la mano al menor lo que
provocó un ligero sonrojo en el rostro del ojiazul- Ven, te la mostraré
–comentó para después jalarle un poco, corriendo hacia la casa. Le soltó una
vez estuvieron frente a la casa para abrir la puerta, se apresuró con eso y se
hizo a un lado, dándole pase al menor- Entra -entró el menor, agradeciendo la
invitación, observando la casa- De verdad es muy bonita –mencionó el ojiazul-
Gracias por el cumplido, pero casi siempre está desordenada –rio el mayor
avergonzado mientras entraba a la casa, cerrando la puerta tras de si- Toa
asiento, iré a cambiarme, estoy empapado y es un milagro que no haya comenzado
a resfriarme –sonrió- No tardo –y dicho esto salió corriendo con destino a su
habitación. Michio asintió y se sentó en uno de los sillones, observando la
sala y esperando al mayor. William bajó después de unos instantes, y fue a
sentarse a un lado del menor- Ahora estoy mejor –comentó divertido, sonriéndole
al chico el cual le correspondió la sonrisa aun sintiéndose un poco extraño con
sus sentimientos fluir en ese momento. William le invitó algo para beber y fue
a la cocina por las bebidas y regresando con dos vasos llenos de jugo,
entregándole uno al menor, quien agradeció- Mich... –el ojiverde, observó
atento el líquido de su vaso, soltando un suspiro para continuar- Quiero que
sepas, que eres alguien muy especial para mí... Y que me agradó escuchar lo que
sentías por mí, me alegraste en ese momento.
Michio
se quedó estático observando su jugo al escucharle, no sabía cómo reaccionar o
que decirle por lo que optó por decir cualquier cosa- M-me alegra escuchar eso
El
mayor llevó una de sus manos a la frente del menor para despejarla, acercándose
poco después para depositar un breve beso en ese lugar- Te quiero, Mich
El ojiazul se sonrojó por completo, sorprendido
ante la acción del otro. Su corazón se aceleró y eso se podía notar al observar
como brincaba levemente su pecho, “¿por qué me decía eso? Es obvio que solo me
quiere como amigo. ¿No era ya suficiente tener que actuar frente a mi mejor, y
único, amigo lo que sentía por él? ¿Por qué tenía que hacerme sentir peor? ¡No
me confundas más! No quiero perderte”- Gracias, Will –fue lo único que pudo
decirle, no se atrevía a responderle con un ‘yo también te quiero’ ¿qué podía
hacer él en esa situación? Él tenía 15 años y el mayor 25, había una gran
diferencia, diez años, solamente 10 años. Era un amor imposible, ¿qué más
podría pasarle a Michio? Nada podría hacerlo sentir peor, ya no tenía esperanza
en el amor, siendo la primera vez que lo sentía, ¿qué podía ser peor? Lo único
que tendría que hacer es olvidarse de sus sentimientos sinceros hacia su único
amigo.