El
menor se despertó por la mañana sintiendo como estaba un poco inmovilizado por
alguien, miró bien y fijó su vista en los brazos que lo rodeaban y en las manos
que reforzaban aquel abrazo tan cálido, sonrojándose por ello. Con un poco de
esfuerzo, volteó a ver el rostro del mayor, pues lo tenía abrazado por la espalda.
Sin que aquel, ligero, sonrojo desapareciera, sonrió feliz de que el sueño, que
había tenido por tanto tiempo desde que le comenzó a gustar el ojiverde, se
haya convertido realidad, o al menos una parte.
Sin
poder hacer nada, esperó a que el mayor despertara; cosa que no sucedió mucho
después. Will, al verlo despierto y mirándole, sonrió.- Buenos días, Mich.
Michio
se sonrojó un poco más.- B-buenos días, Will. –sonrió un tanto nervioso al
verlo, despierto y tan pegado a él.
William
sin pensarlo dos veces, besó al menor en los labios; un cálido y tierno beso en
los infantiles e inexpertos labios del ojiazul, lo que provocó un sonrojo aún
más fuerte en el rostro de Michio.- Es tan hermoso despertar contigo en la
mañana –Le dijo el ojiverde con una sonrisa haciendo cada vez más fuerte el
abrazo.
-
¿Q-qué h-haces, Will? –preguntó el menor con todos los colores en el rostro por
la acción del otro, tartamudeando, y sintiendo que esto no podía estar pasando
pero a pesar de sus pensamientos no pudo separarse del mayor, ni siquiera
intentarlo. Le había gustado aquel roce de labios, era algo nuevo para él y qué
mejor de la primera persona de la que se había enamorado.
-
Beso a la persona que más amo en este mundo. –respondió con una sonrisa,
acercándose lentamente a los labios ajenos para, de nuevo, besarlos, lo que
provocó que el menor despertara de verdad, a la realidad.
Aún
era de madrugada, seguía obscura la habitación a excepción de un pequeño rayo
de luna que se colaba por la ventana. Sí, William tenía abrazado al menor
fuertemente, pero Michio no lo sentía como en su sueño, era diferente; era un
abrazo de amigos. Suspiró y miró el reloj -4:00 am-. No tenía sueño, tal vez si
le quitaba un poco de leche al mayor, podría volver a dormir.
Al
intentar zafarse del abrazo del ojiverde no pudo, tenía bastante fuerza, o al
menos eso creía el ojiazul.
-
Will... –comenzó a mover al mayor despacio mientras susurraba como si alguien
más estuviera dormido en la habitación.- Will...
Después
de tanto movimiento por parte del menor, por fin despertó, bostezando un poco-
¿Y-ya amaneció? –preguntó aun adormilado, sintiendo mucho, demasiado, sueño.
-
No... –el ojiazul detuvo sus palabras un momento. Will se veía maravilloso con
esa poca luz de luna de la habitación, tan pegado a él que había desconcentrado
al menor.- Lo siento, es que me desperté y no puedo dormir...
El
ojiverde le sonrió cálido- No te preocupes, ¿quieres un poco de leche o quieres
platicar un rato? –le miraba un tanto adormilado y bostezando un poco.
-
Está bien un poco de leche... –comentó- Todavía tienes sueño y no quiero ser el
culpable de que te desveles... –le respondió preocupado por el sueño del mayor
mientras que este curiosamente no dejaba de abrazarle.
El
ojiverde asintió sin dejar de sonreír- Espérame, iré por ella –comentó
comenzando a levantarse por lo que el menor le tomó del brazo deteniéndolo.
-
No te preocupes, puedo ir yo –le aclaró el ojiazul con una ligera sonrisa y un
leve sonrojo.
-
¿Qué te parece si mejor vamos los dos? –preguntó entusiasmado el ojiverde, con
una sonrisa sincera a pesar de su sueño.
El
azabache se puso un tanto nervioso ante la idea pero terminó asintiendo, al fin
y al cabo era casa de William, además de que el menor era muy asustadizo. El
pelicastaño le extendió la mano como invitación a que bajaran de la cama para
ir por la leche del menor, por lo que Michio, sonrojado y apenado, tomó la mano
ajena para ir juntos, así, a la cocina.
Justo
cuando se levantaban, el pijama que traía puesto el menor, resbaló por su
hombro, y en el instante un rojo carmesí apareció en los rostros de los amigos.
-
Creo que hay que arreglar ese pijama –comenzó a hablar el ojiverde, sintiéndose
nervioso al ver al menor tan… provocativo. Hizo una pausa y suspiró para luego
continuar- Sino, despertarás sin ella –al momento en que terminó de articular
aquellas palabras, se dio cuenta del doble sentido que poseía aquella frase por
lo que no pudo evitar sonrojarse. ¿Por qué estaban pensando en eso? Sabía lo que
sentía pero no sabía si sería justo y bueno para el menor.
Sin
darse cuenta llegaron a la cocina, aun tomados de la mano. Al estar en su
destino, el ojiverde, soltó la mano del menor para tomar un par de vasos y
servirles leche, pues con sus pensamientos había logrado despertarle.
Una
vez terminó de servir la leche en los vasos, le entregó el suyo al menor para
posteriormente beber un pequeño sorbo.- ¿Todavía no tienes sueño? –preguntó con
un poco de interés el ojiverde por lo que el azabache negó con la cabeza algo
apenado.
-
Si tú tienes sueño, puedes dormir. Yo creo que con la leche debería darme
sueño. –comentó apenado el menor al pensar que le daba muchas molestias al
mayor y no quería eso.
El
pelicastaño negó con la cabeza, ligeramente- Podemos hacer algo para que nos de
sueño –comentó con una risilla torpe al final- Si quieres podemos jugar un poco
más con la consola –esperaba la respuesta del otro, algo nervioso. No sabía que
le estaba ocurriendo, estaba un poco vacilante con respecto a sus sentimientos
y como dárselos a entender al menor sin asustarlo, ya que una diferencia de
diez años en la edad, se le hacía demasiado y más tomando en cuenta el hecho
que el muchacho aún estaba en secundaria y él, ya tenía una carrera hecha, un
futuro que, de alguna forma, ya estaba escrito. No quería arruinar la vida del
ojiazul por unos sentimientos que podrían ser temporales.
-
¿Will? ¿Will? –preguntó repetidas veces el menor al ver que su amigo no
reaccionaba pues tanto se había quedado pensando respecto a sus sentimientos
por lo que no había escuchado al menor emocionarse con respecto a los
videojuegos.
-
¿Eh? ¿Qué ocurre, Mich? –preguntó como si nada hubiera ocurrido por lo que el
ojiazul se le quedó viendo un poco preocupado pues que se “fuera” así tan de
repente, lo desconcertaba.
-
No reaccionabas –le respondió aun preocupado, dudoso al verlo comportarse de
aquella manera por lo que el mayor negó con la cabeza, avergonzado, riendo
torpemente antes de disculparse.
-
Lo siento, me quedé pensando en algo –le dijo con su sonrisa carismática que
tanto le agradaba al menor quien asintió pensando en que el otro no quería
hablar de ello- Mejor subamos a jugar.
William
seguía pensando en el mismo tema, aunque tratando de no “irse” por completo
como hace rato pues no quería preocupar, más, al menor. No sabía qué hacer, ¿le
decía que le correspondía o no? Esa era una decisión difícil.
Michio,
por su parte, caminaba en silencio preocupado por su único amigo y amor. ¿Qué
le podría estar pasando? ¿Tal vez podría no saber cómo deshacerse de él?
Aquellas preguntas no dejaban en paz los pensamientos del pequeño enamorado.
Llegaron
a la habitación y Michio se sentó al borde de la cama con el vaso de leche en
sus manos, el cual ya iba por la mitad. Mientras, William ponía su vaso en el
mueble de noche para encender de nueva cuenta la consola.
Todo
estaba en silencio…
Una
vez estuvo todo listo, comenzaron a jugar, ahora con un videojuego para dos.
Iban empatados y en el último encuentro, tuvo la suerte el ojiazul de ganar.
Festejó y rio divertido ante su victoria por lo que el ojiverde, como desquite,
comenzó a hacerle cosquillas riendo divertido.
-
¡Para! ¡Para! Jajaja –le pedía sin lograrlo por completo, pues la risa era
demasiada.
-
¡No! Jajaja –reía junto con el menor, hasta que los dos se agotaron, por lo que
el ojiverde quedó encima del azabache.
Respiraban
agitados, sintiendo aun las ganas de reír pero… ese momento no sería solo de
pura risa y pensamientos extraños.
William
sintió la respiración agitada del menor, quien estaba sonrojado al estar en
semejante situación, sintiendo como su rostro ardía y su corazón quería salir
de su pecho mientras el mayor sentía cada vez más como aquél sentimiento que
había estado enterrando, salía con cada respiración de ambos, obligándolo a
hacer una locura.
-
Mich… -susurró aun agitado viendo directamente a los ojos del menor, sin
despegarse ni un momento, al contrario se acercó más y más hasta estar casi a
punto de rozar los labios ajenos.
-
W-will… -murmuró, sonrojado, nervioso, asustado, emocionado y sintiendo como se
llevaba el mayor su alma por medio de su aliento. No sabía exactamente que
sucedía. Su corazón latía con fuerza y su cuerpo no reaccionaba a las órdenes
del agobiado cerebro de Michio.
-
¿Puedo? –preguntó acercándose más y más a los labios del más chico, olvidando
cualquier riesgo o consecuencia.
El
ojiazul, sonrojó aún más sintiendo como su corazón se aceleraba y detenía al
mismo tiempo en ese momento. Nervios, asustado pero queriendo estar con el otro
a pesar de no saber cómo. Asintió sin separarse- S-sí, Will.
En ese momento, surgió un nuevo sentimiento en
ambos. Con ese beso se dijeron todo sin emitir ningún sonido. Solo eran dos
almas queriéndose demostrar su amor de alguna forma, y aquella fue la correcta.
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