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lunes, 30 de septiembre de 2013

La edad no influye sí de verdad se ama - Capítulo 4 "Después de una declaración es difícil la amistad"


Pasaron las horas mientras William y Michio reían y disfrutaban de su momento juntos, como amigos. Al ojiazul le agradaba estar junto con el mayor a pesar de que él tenía sentimientos diferentes al de un amigo pero se sentía feliz porque era en si su primer amigo pues en la escuela lo molestaban constantemente y esas burlas aumentaron cuando se divulgó la preferencia sexual del menor, cosa que sus padres ignoraron. Llegó la hora de salir del lago aunque a ninguno de los dos le agradaba la idea. El ojiverde miró al azabache y le sonrió colocándose en la orilla frente a él- Te ayudaré a salir –el menor asintió. William extendió su mano hacia el otro para ayudarle una vez se sentó en la orilla- Puedes quedarte con el traje de baño, por si quieres nadar en otro momento... –comentó el ojiverde con su característica sonrisa.

- N-no... No podría. Es tuyo el traje de baño –respondió sonrojado mientras se sostenía de su mano para tratar de salir pero… algo no salió bien con aquella salida pues el traje de baño era chico para que no ocurriera nada dentro o fuera del agua pero lo suficientemente grande como para que se le bajara en el momento justo en el que saliera sin que él lo notara.

- Descuida, tengo otros –afirmó mientras le jalaba con cuidado para sacarlo cuando observó que algo ocurría con la prenda del otro- T-tu traje… se resbala. –comentó desviando la mirada para no ver la intimidad del ojiazul.

El azabache había sentido algo extraño en su entrepierna aunque no le había dado mucha importancia hasta que el ojiverde le avisó del imprevisto por lo que no pudo evitar sonrojarse por completo llevando sus manos a su entrepierna para cubrirse, subiéndose su traje de baño. Una vez se cubrió, desvió el rostro pues por la vergüenza no se atrevía a ver a la cara al mayor- L-lo s-siento... –fue lo único que pudo decir.

- Descuida, no tienes de que disculparte. Por cierto... –comentó mientras se dirigía su mochila a sacar una toalla para luego extendérsela al menor- Toma, debes sacarte antes de que te enfermes.

El menor tomó la toalla agradeciéndole con una sonrisa y comenzó a secarse aun sosteniendo el traje de baño pues no quería pasar otra vergüenza frente al ojiverde- ¿Y vienes aquí todos los días? –le preguntó interesado mientras aún se secaba.

- Si, escuché por allí que si dejas de practicar seguido cualquier deporte, cuando lo vuelvas a practicar, te dolerán los músculos… O algo así. –respondió el mayor.

- Oh, ya veo... –terminó de secarse y había acomodado la toalla a su alrededor por encima de sus hombros mientras su cuerpo temblaba ligeramente por el frío que comenzaba a sentir a causa de la baja de temperatura de la tarde.

- Estás temblando –ladeó la cabeza un poco para luego acercarse al ojiazul agachándose una vez estuvo cerca y le abrazó- ¿Mejor? –preguntó con una sonrisa ladina. El menor se sorprendió por el abrazo sonrojándose por completo; sentía como sus latidos se aceleraban, sentía bien ese cálido abrazo por lo que dejó de temblar- S-sí, mejor... –respondió el azabache aun sonrojado ocultando su rostro en el pecho ajeno. Michio comenzaba a pensar que se estaba encariñando demasiado con el mayor, tenía que controlar aquellos sentimientos- Me alegra –respondió el ojiverde separándose ligeramente del menor- Por cierto, ¿puedes quedarte aquí un momento? –preguntó- Tengo que cambiarme o el que se resfriará seré yo –Michio asintió cubriéndose con la toalla para dejar libre al mayor. Este último tomó su mochila dejando la ropa ajena a un lado del ojiazul- Será mejor que también te cambies –dije el ojiverde para después despeinarle un poco e irse detrás de algún árbol cercano para cambiar. El menor asintió a lo dicho por el otro y tomó su ropa para irse a otro árbol y comenzar a cambiarse. Después de tanto tiempo que tomaron para cambiarse de ropa, todavía les quedaba bastante  tiempo pues la tarde aún no se acercaba a su fin.

Optaron por ir a un parque, no muy lejano del lago y del cual le habían platicado a William. Tomaron sus cosas y el mayor tomó de la mano al ojiazul para comenzar a caminar con destino al parque provocando que este último se sonrojara mientras observaba aquellas manos unidas, lo cual no era muy conveniente a la idea que tenía Michio para sus sentimientos, que era ocultarlos. Minutos después llegaron al dichoso lugar, el cual era un hermoso parque lleno de árboles, juegos y puestos de dulces; el paraíso de un niño, un niño como Michio. El ojiverde miró al menor y le sonrió dulcemente- ¿No quieres comer algo? A mí siempre me da hambre después de que voy a nadar.

Aquella pregunta había provocado que la mente del menor regresara al mundo real- ¿Eh? A-algo pero no me gustaría ser una molestia –respondió tímido mirando a los juegos para evitar la penetrante mirada del mayor.

- No es molestia, en lo absoluto –afirmó el mayor sonriente para después buscar con la mirada algo que comer y que le pudiera gustar al azabache- Hn… ¿Te gustaría algo dulce? –el menor asintió dedicándole una sonrisa sincera pero aun apenado- S-si, por favor –respondió el ojiazul con la misma timidez que reflejaba su sonrisa- Entonces creo que por ese lugar venden algo parecido a crepas dulces, ¿quieres ir allí? –preguntó el más alto mientras le miraba. El azabache asintió con la misma pena.

William jaló levemente al menor para llevarlo a aquel lugar para que disfrutaran de una deliciosa crepa por lo que el ojiazul no pudo negarse caminando a su lado tratando de alejar aquellos pensamientos románticos y nostálgicos mientras trataba de convencerse a sí mismo que no ocurriría nada entre ellos. El mayor volteó a verlo y le observó con cierta preocupación- ¿Pasa algo, Mich? Te ves muy distraído –rio un poco- Me pregunto en qué estarás pensando...

El azabache se sonrojó abruptamente al saber que el mayor había notado su distracción además de que sintió una, especie, de cosquilleo en el estómago al escuchar como abreviaba cariñosamente su nombre- N-no, e-en nada... –sus nervios eran notorios, así que prefirió observar como hacían las crepas una vez llegaron al puesto, tratando de distraerse.

Pidieron ambas crepas de cacao junto con dos tazas de chocolate caliente para acompañar. Una vez estuvo lista su orden fueron a sentarse a una cómoda banca del parque, la cual estaba bajo un enorme árbol, para comer y platicar a gusto en lo que pasaban las horas y se acercaba el anochecer.

- Es muy lindo este lugar, ¿no crees? –preguntó el mayor con una sonrisa.

- Si, muy hermoso –contestó observando al gran árbol.

- Pero lo que más me gusta es que no estoy en este lugar solo –comentó dedicándole una sonrisa al menor, cosa que provocó que el ojiazul se sonrojara, sonriendo feliz- Me es muy agradable tu compañía también, Will –dijo el menor en respuesta a lo dicho por el otro. Los dos comenzaron a comer, dando pequeñas mordidas a las crepas y pequeños sorbos al chocolate, alternando uno con el otro sin dejar la conversación a un lado.



- Digo lo mismo, Mich… Cuando vivíamos juntos te traeré mucho a este lugar, aunque tendrá que ser después de mi hora de natación... Aunque si me acompañas no me disgustaría –comentó al aire el más grande mirando el paisaje con una sonrisa.

Michio sonrojó por completo al escuchar aquella frase salir de la boca de la persona que le gustaba aunque lo único que provocaba es que se sintiera aún más extraño, no sabiendo que hacer con aquellos sentimientos que le mareaban el corazón y la cabeza. Rio ligeramente por los mismos nervios. No respondió. Siguieron comiendo hasta que el mayor tuvo un ligero “problema” con la espuma de su chocolate por lo que se sonrojó casi imperceptiblemente pidiendo al menor una servilleta la cual no tenía. Comenzó a buscar en su mochila encontrando un pañuelo, se limpió y sonrió al menor- Tú también te manchaste –dijo a la par en la que tomaba con su dedo un poco de cacao para manchar la mejilla ajena. Continuaron con su juego, divertidos y riendo terminaron por limpiarse uno al otro.

El mayor en cada oportunidad que tenía le mencionaba a Michio la frase “cuando vivamos juntos…” algo que provocaba más cosquilleos en el estómago del menor y un sonrojo que no podía evitar.

- He notado que te sonrojas con mucha facilidad. Si hago algo que no te gusta, dímelo ¿sí? –le pidió al menor.

- Si, aunque no creo que lo que hagas me moleste... –confesó tímido, sonriéndole de la misma manera.

- Es muy amable de tu parte. De verdad me cuesta creer que tus padres te olviden, supongo que si convivieran contigo su mentalidad cambiaría. El menor agachó la cabeza, triste al recordar por qué sus padres lo trataban de aquella manera- Es una larga historia –le respondió al mayor.

- Cuando quieras hablar de eso, sabes que estaré allí para ti –le despeinó cariñosamente- Ahora no pienses en eso, mejor, relájate. El azabache le miró forzando una sonrisa y le abrazó- Gracias –el ojiverde le observó sorprendido para poco después sonreír y corresponder al abrazo con un poco más de fuerza- No tienes que agradecer –le respondió provocando que el ojiazul se separara un poco, sonrojado mientras le sonreía. El mayor le observó un momento y se acercó al otro dándole un leve beso en la frente, dedicándole una sonrisa tierna al final lo que provocó que el menor sonrojara aún más y se sorprendiera por aquel acto- ¿Por qué sonrojas tanto? ¿No estás acostumbrado a esto? –le preguntó el mayor interesado en la respuesta.

- E-es que... –comenzó a hablar el menor, queriendo decirle lo que sentía por el otro pero calló ya que sentía pena y miedo, por obvias razones- N-no, nada. Nadie ha tenido contacto físico conmigo... –admitió en parte con la cabeza gacha al no atreverse. Sentía que era demasiado pronto, apenas se habían conocido. El mayor le escuchó con atención y arqueó una ceja, había pensado que el otro diría otra cosa pero decidió restarle importancia, riendo avergonzado- Creo que fui muy rápido, ¿verdad? –preguntó el ojiverde- N-no, es muy lindo de tu parte –respondió el ojiazul tímido, sonriéndole infantilmente.

Pasaron las horas mientras ellos dos platicaban de sus hobbies, gustos, disgustos; de su vida. Pasó una, dos, tres horas hasta que ya no se les ocurría de que hablar.

- Creo que con el tiempo nos iremos conociendo más –comentó el menor al ver que las ideas se habían agotado.

- Tenlo por seguro, sino es así, cuando vivamos juntos nos podremos conocer mejor –comentó divertido el mayor sonriéndole al menor.

Michio sonrojó por completo y sintiendo como ya no podía evitar decirle lo que sentía se atrevió a preguntar, poco a poco para no decir de golpe un sentimiento tan grande- ¿Cómo puedes estar seguro de que viviremos juntos? –preguntó viendo hacia el suelo, moviendo sus pies por los nervios. El mayor llevó una mano a su mentón y lo pensó un poco para al final responder un “no lo sé”. Michio le miró sonrojado y un tanto triste por la posibilidad de lo que estaba a punto de decir- Puede que encuentres a alguien y quieras vivir con esa persona nada más... –respondió nervioso, con miedo de la respuesta pero lo que no se esperaba es que el mayor le respondiera con la misma frase que le había dicho el azabache. Sonrojado desvió la mirada sin contestarle.

- ¿A qué viene esa reacción? –le preguntó el ojiverde riendo un poco mientras le observaba con curiosidad.

- N-no, por nada –respondió simplemente, ahora quería evitar el tema a toda costa. Sus manos temblaban al igual que el resto de su cuerpo pero no por frío, por nervios, por miedo a alejar a William con sus sentimientos, trataba de pensar que tal vez estuviera confundido.

- Por un momento pensé que ibas a decirme algo como “ya encontré a alguien” o algo así –bromeó el mayor por unos instantes por lo que el menor sonrió débilmente respondiendo con un simple “no”- Me alegra, ¿qué pasaría si de repente me dijeras que ya no quieres vivir conmigo? –sonrió- Supongo que me aburriría de nuevo.

El azabache respiró profundo tratando de llenarse de valor. Seguía con la mirada baja, sus manos comenzaron a sudar y su corazón latía con gran velocidad, tanta que cualquiera hubiera pensado que se le saldría del pecho, su respiración se hizo acelerada pero cortante, pausada- ¿Q-qué… -comenzó a hablar con pequeños tartamudeos, obligándose a continuar, sintiendo solamente como sus “síntomas” empeoraban- pasaría… si yo… t-te dijera que… -pausó su pregunta preguntándose si era lo correcto seguir, quería seguir siendo su amigo, no quería alejarlo de su lado, tenía tanto miedo pero tenía que seguir, debía de decirle a su nuevo amigo que le gustaba, si no le correspondía el trataría con todas sus fuerzas de olvidarlo para poder continuar con su amistad- m-me… -murmuró para luego dar un gran suspiro- g-gustas? –susurró aún más bajo mientras su sonrojo se hizo aún más notorio y su corazón hacía que su pecho diera pequeños brinquitos. William abrió los ojos de par en par al escucharle, sorprendiéndose ante la declaración del menor, parpadeando un par de veces después, sonrojándose un poco por la sorpresa- ¿Eso es verdad? –respondió el mayor aún sin creerlo, tratando de verle a los ojos al menor sin éxito alguno. El menor tratando de ocultar aún más el rostro miró hacia el lado contrario a donde estaba William- S-si… -murmuró débilmente el ojiazul.

El mayor lo pensó un momento- Yo… no sabría que decirte –respondió en voz baja, sintiendo como si algo le oprimiera el pecho ante esa situación- Pero gracias, Michio –sonrió de manera cálida tomando el mentón del otro con cuidado para obligarle a verle. Al tener su mirada fija uno del otro, el menor sonrojó por completo por lo que miró hacia otro lado sin quitar el mentón de la mano de William- Sabes que… soy mayor que tú por diez años, ¿verdad? –preguntó con un tono suave sin dejar de mirarle. El ojiazul asintió sin verle aun- Entonces, ¿por qué a mí? ¿Por qué te fijaste en mí? –volvió a pregunta con el mismo tono de voz.

- N-no sé –respondió el menor en voz baja mientras unas pequeñas lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas mientras trataba de contenerlas sin éxito alguno.

- Michio... –murmuró su nombre al notar las lágrimas que apenas brotaban- N-No llores, no me gustaría verte así

El menor se limpió las lágrimas zafándose de la mano que lo sostenía suavemente- Será mejor que me vaya. Mañana nos vemos en el lago a la misma hora, ¿está bien? –dijo con una débil sonrisa tratando de actuar como si nada hubiese pasado.

- Claro pero yo… -el mayor soltó un suspiro y volvió a sonreír sin muchas ganas- Te esperaré mañana, ¿de acuerdo? –continuó con las intenciones del menor

El azabache asintió- Gracias por las clases de natación y la comida –dijo agradeciendo las atenciones ajenas mientras se levantaba tomando su libro y comenzó a caminar hacia su casa tratando de no llorar hasta estar lejos de William.

- No fue nada –respondió antes de que avanzara el menor, se puso de pie de igual manera y caminó hacia el menor, lo tomó del brazo y lo giró, abrazándolo instantes después- Más vale que vayas mañana ¿Bien? -rio un poco tratando se suavizar el ambiente. El menor asintió sin sonreírle ni mirarle contestándole con un cortante “nos vemos mañana”, se separó delicadamente y siguió su camino- Adiós –murmuró el ojiverde al ver al menor alejarse, soltó un suspiro y tomó sus cosas para irse del lugar.


Al estar lejos, Michio comenzó a llorar y sin querer llegar a casa de aquella manera se detuvo en el parque donde siempre leía. Estando solo, lloraba como si no existiera un mañana. En esos momentos, Michio pensaba y aseguraba que el haberle dicho sus sentimientos, al mayor, habían sido completamente una equivocación, ahora su plan por si sucedía esto, no parecía tan sencillo. La tristeza de Michio rodaba en forma de lágrima sobre su mejilla,  todos le hubieran dicho que eso era una lágrima pero él, él lo sentía como si una parte de su corazón saliera de sus ojos en forma de agua.