Pasaron las horas mientras William y Michio reían y
disfrutaban de su momento juntos, como amigos. Al ojiazul le agradaba estar
junto con el mayor a pesar de que él tenía sentimientos diferentes al de un
amigo pero se sentía feliz porque era en si su primer amigo pues en la escuela
lo molestaban constantemente y esas burlas aumentaron cuando se divulgó la
preferencia sexual del menor, cosa que sus padres ignoraron. Llegó la hora de
salir del lago aunque a ninguno de los dos le agradaba la idea. El ojiverde
miró al azabache y le sonrió colocándose en la orilla frente a él- Te ayudaré a
salir –el menor asintió. William extendió su mano hacia el otro para ayudarle
una vez se sentó en la orilla- Puedes quedarte con el traje de baño, por si
quieres nadar en otro momento... –comentó el ojiverde con su característica
sonrisa.
- N-no... No podría. Es tuyo el traje de baño –respondió
sonrojado mientras se sostenía de su mano para tratar de salir pero… algo no
salió bien con aquella salida pues el traje de baño era chico para que no
ocurriera nada dentro o fuera del agua pero lo suficientemente grande como para
que se le bajara en el momento justo en el que saliera sin que él lo notara.
- Descuida, tengo otros –afirmó mientras le jalaba con
cuidado para sacarlo cuando observó que algo ocurría con la prenda del otro-
T-tu traje… se resbala. –comentó desviando la mirada para no ver la intimidad
del ojiazul.
El azabache había sentido algo extraño en su entrepierna
aunque no le había dado mucha importancia hasta que el ojiverde le avisó del
imprevisto por lo que no pudo evitar sonrojarse por completo llevando sus manos
a su entrepierna para cubrirse, subiéndose su traje de baño. Una vez se cubrió,
desvió el rostro pues por la vergüenza no se atrevía a ver a la cara al mayor-
L-lo s-siento... –fue lo único que pudo decir.
- Descuida, no tienes de que disculparte. Por cierto...
–comentó mientras se dirigía su mochila a sacar una toalla para luego
extendérsela al menor- Toma, debes sacarte antes de que te enfermes.
El menor tomó la toalla agradeciéndole con una sonrisa y
comenzó a secarse aun sosteniendo el traje de baño pues no quería pasar otra
vergüenza frente al ojiverde- ¿Y vienes aquí todos los días? –le preguntó
interesado mientras aún se secaba.
- Si, escuché por allí que si dejas de practicar seguido
cualquier deporte, cuando lo vuelvas a practicar, te dolerán los músculos… O
algo así. –respondió el mayor.
- Oh, ya veo... –terminó de secarse y había acomodado la
toalla a su alrededor por encima de sus hombros mientras su cuerpo temblaba
ligeramente por el frío que comenzaba a sentir a causa de la baja de
temperatura de la tarde.
- Estás temblando –ladeó la cabeza un poco para luego
acercarse al ojiazul agachándose una vez estuvo cerca y le abrazó- ¿Mejor?
–preguntó con una sonrisa ladina. El menor se sorprendió por el abrazo
sonrojándose por completo; sentía como sus latidos se aceleraban, sentía bien
ese cálido abrazo por lo que dejó de temblar- S-sí, mejor... –respondió el
azabache aun sonrojado ocultando su rostro en el pecho ajeno. Michio comenzaba
a pensar que se estaba encariñando demasiado con el mayor, tenía que controlar
aquellos sentimientos- Me alegra –respondió el ojiverde separándose ligeramente
del menor- Por cierto, ¿puedes quedarte aquí un momento? –preguntó- Tengo que
cambiarme o el que se resfriará seré yo –Michio asintió cubriéndose con la
toalla para dejar libre al mayor. Este último tomó su mochila dejando la ropa
ajena a un lado del ojiazul- Será mejor que también te cambies –dije el
ojiverde para después despeinarle un poco e irse detrás de algún árbol cercano
para cambiar. El menor asintió a lo dicho por el otro y tomó su ropa para irse
a otro árbol y comenzar a cambiarse. Después de tanto tiempo que tomaron para
cambiarse de ropa, todavía les quedaba bastante
tiempo pues la tarde aún no se acercaba a su fin.
Optaron por ir a un parque, no muy lejano del lago y del
cual le habían platicado a William. Tomaron sus cosas y el mayor tomó de la
mano al ojiazul para comenzar a caminar con destino al parque provocando que
este último se sonrojara mientras observaba aquellas manos unidas, lo cual no
era muy conveniente a la idea que tenía Michio para sus sentimientos, que era
ocultarlos. Minutos después llegaron al dichoso lugar, el cual era un hermoso
parque lleno de árboles, juegos y puestos de dulces; el paraíso de un niño, un
niño como Michio. El ojiverde miró al menor y le sonrió dulcemente- ¿No quieres
comer algo? A mí siempre me da hambre después de que voy a nadar.
Aquella pregunta había provocado que la mente del menor
regresara al mundo real- ¿Eh? A-algo pero no me gustaría ser una molestia
–respondió tímido mirando a los juegos para evitar la penetrante mirada del
mayor.
- No es molestia, en lo absoluto –afirmó el mayor
sonriente para después buscar con la mirada algo que comer y que le pudiera
gustar al azabache- Hn… ¿Te gustaría algo dulce? –el menor asintió dedicándole
una sonrisa sincera pero aun apenado- S-si, por favor –respondió el ojiazul con
la misma timidez que reflejaba su sonrisa- Entonces creo que por ese lugar
venden algo parecido a crepas dulces, ¿quieres ir allí? –preguntó el más alto
mientras le miraba. El azabache asintió con la misma pena.
William jaló levemente al menor para llevarlo a aquel
lugar para que disfrutaran de una deliciosa crepa por lo que el ojiazul no pudo
negarse caminando a su lado tratando de alejar aquellos pensamientos románticos
y nostálgicos mientras trataba de convencerse a sí mismo que no ocurriría nada
entre ellos. El mayor volteó a verlo y le observó con cierta preocupación-
¿Pasa algo, Mich? Te ves muy distraído –rio un poco- Me pregunto en qué estarás
pensando...
El azabache se sonrojó abruptamente al saber que el mayor
había notado su distracción además de que sintió una, especie, de cosquilleo en
el estómago al escuchar como abreviaba cariñosamente su nombre- N-no, e-en
nada... –sus nervios eran notorios, así que prefirió observar como hacían las
crepas una vez llegaron al puesto, tratando de distraerse.
Pidieron ambas crepas de cacao junto con dos tazas de
chocolate caliente para acompañar. Una vez estuvo lista su orden fueron a
sentarse a una cómoda banca del parque, la cual estaba bajo un enorme árbol,
para comer y platicar a gusto en lo que pasaban las horas y se acercaba el
anochecer.
- Es muy lindo este lugar, ¿no crees? –preguntó el mayor
con una sonrisa.
- Si, muy hermoso –contestó observando al gran árbol.
- Pero lo que más me gusta es que no estoy en este lugar
solo –comentó dedicándole una sonrisa al menor, cosa que provocó que el ojiazul
se sonrojara, sonriendo feliz- Me es muy agradable tu compañía también, Will
–dijo el menor en respuesta a lo dicho por el otro. Los dos comenzaron a comer,
dando pequeñas mordidas a las crepas y pequeños sorbos al chocolate, alternando
uno con el otro sin dejar la conversación a un lado.
- Digo lo mismo, Mich… Cuando vivíamos juntos te traeré
mucho a este lugar, aunque tendrá que ser después de mi hora de natación... Aunque
si me acompañas no me disgustaría –comentó al aire el más grande mirando el
paisaje con una sonrisa.
Michio sonrojó por completo al escuchar aquella frase
salir de la boca de la persona que le gustaba aunque lo único que provocaba es
que se sintiera aún más extraño, no sabiendo que hacer con aquellos
sentimientos que le mareaban el corazón y la cabeza. Rio ligeramente por los
mismos nervios. No respondió. Siguieron comiendo hasta que el mayor tuvo un
ligero “problema” con la espuma de su chocolate por lo que se sonrojó casi
imperceptiblemente pidiendo al menor una servilleta la cual no tenía. Comenzó a
buscar en su mochila encontrando un pañuelo, se limpió y sonrió al menor- Tú
también te manchaste –dijo a la par en la que tomaba con su dedo un poco de
cacao para manchar la mejilla ajena. Continuaron con su juego, divertidos y
riendo terminaron por limpiarse uno al otro.
El mayor en cada oportunidad que tenía le mencionaba a
Michio la frase “cuando vivamos juntos…” algo que provocaba más cosquilleos en
el estómago del menor y un sonrojo que no podía evitar.
- He notado que te sonrojas con mucha facilidad. Si hago
algo que no te gusta, dímelo ¿sí? –le pidió al menor.
- Si, aunque no creo que lo que hagas me moleste...
–confesó tímido, sonriéndole de la misma manera.
- Es muy amable de tu parte. De verdad me cuesta creer
que tus padres te olviden, supongo que si convivieran contigo su mentalidad
cambiaría. El menor agachó la cabeza, triste al recordar por qué sus padres lo
trataban de aquella manera- Es una larga historia –le respondió al mayor.
- Cuando quieras hablar de eso, sabes que estaré allí
para ti –le despeinó cariñosamente- Ahora no pienses en eso, mejor, relájate.
El azabache le miró forzando una sonrisa y le abrazó- Gracias –el ojiverde le
observó sorprendido para poco después sonreír y corresponder al abrazo con un
poco más de fuerza- No tienes que agradecer –le respondió provocando que el
ojiazul se separara un poco, sonrojado mientras le sonreía. El mayor le observó
un momento y se acercó al otro dándole un leve beso en la frente, dedicándole
una sonrisa tierna al final lo que provocó que el menor sonrojara aún más y se
sorprendiera por aquel acto- ¿Por qué sonrojas tanto? ¿No estás acostumbrado a
esto? –le preguntó el mayor interesado en la respuesta.
- E-es que... –comenzó a hablar el menor, queriendo
decirle lo que sentía por el otro pero calló ya que sentía pena y miedo, por
obvias razones- N-no, nada. Nadie ha tenido contacto físico conmigo... –admitió
en parte con la cabeza gacha al no atreverse. Sentía que era demasiado pronto,
apenas se habían conocido. El mayor le escuchó con atención y arqueó una ceja,
había pensado que el otro diría otra cosa pero decidió restarle importancia,
riendo avergonzado- Creo que fui muy rápido, ¿verdad? –preguntó el ojiverde-
N-no, es muy lindo de tu parte –respondió el ojiazul tímido, sonriéndole
infantilmente.
Pasaron las horas mientras ellos dos platicaban de sus
hobbies, gustos, disgustos; de su vida. Pasó una, dos, tres horas hasta que ya
no se les ocurría de que hablar.
- Creo que con el tiempo nos iremos conociendo más
–comentó el menor al ver que las ideas se habían agotado.
- Tenlo por seguro, sino es así, cuando vivamos juntos
nos podremos conocer mejor –comentó divertido el mayor sonriéndole al menor.
Michio sonrojó por completo y sintiendo como ya no podía
evitar decirle lo que sentía se atrevió a preguntar, poco a poco para no decir
de golpe un sentimiento tan grande- ¿Cómo puedes estar seguro de que viviremos
juntos? –preguntó viendo hacia el suelo, moviendo sus pies por los nervios. El
mayor llevó una mano a su mentón y lo pensó un poco para al final responder un
“no lo sé”. Michio le miró sonrojado y un tanto triste por la posibilidad de lo
que estaba a punto de decir- Puede que encuentres a alguien y quieras vivir con
esa persona nada más... –respondió nervioso, con miedo de la respuesta pero lo
que no se esperaba es que el mayor le respondiera con la misma frase que le
había dicho el azabache. Sonrojado desvió la mirada sin contestarle.
- ¿A qué viene esa reacción? –le preguntó el ojiverde
riendo un poco mientras le observaba con curiosidad.
- N-no, por nada –respondió simplemente, ahora quería
evitar el tema a toda costa. Sus manos temblaban al igual que el resto de su
cuerpo pero no por frío, por nervios, por miedo a alejar a William con sus
sentimientos, trataba de pensar que tal vez estuviera confundido.
- Por un momento pensé que ibas a decirme algo como “ya
encontré a alguien” o algo así –bromeó el mayor por unos instantes por lo que
el menor sonrió débilmente respondiendo con un simple “no”- Me alegra, ¿qué
pasaría si de repente me dijeras que ya no quieres vivir conmigo? –sonrió-
Supongo que me aburriría de nuevo.
El azabache respiró profundo tratando de llenarse de
valor. Seguía con la mirada baja, sus manos comenzaron a sudar y su corazón
latía con gran velocidad, tanta que cualquiera hubiera pensado que se le
saldría del pecho, su respiración se hizo acelerada pero cortante, pausada-
¿Q-qué… -comenzó a hablar con pequeños tartamudeos, obligándose a continuar,
sintiendo solamente como sus “síntomas” empeoraban- pasaría… si yo… t-te dijera
que… -pausó su pregunta preguntándose si era lo correcto seguir, quería seguir
siendo su amigo, no quería alejarlo de su lado, tenía tanto miedo pero tenía
que seguir, debía de decirle a su nuevo amigo que le gustaba, si no le
correspondía el trataría con todas sus fuerzas de olvidarlo para poder
continuar con su amistad- m-me… -murmuró para luego dar un gran suspiro-
g-gustas? –susurró aún más bajo mientras su sonrojo se hizo aún más notorio y
su corazón hacía que su pecho diera pequeños brinquitos. William abrió los ojos
de par en par al escucharle, sorprendiéndose ante la declaración del menor,
parpadeando un par de veces después, sonrojándose un poco por la sorpresa- ¿Eso
es verdad? –respondió el mayor aún sin creerlo, tratando de verle a los ojos al
menor sin éxito alguno. El menor tratando de ocultar aún más el rostro miró
hacia el lado contrario a donde estaba William- S-si… -murmuró débilmente el ojiazul.
El mayor lo pensó un momento- Yo… no sabría que decirte
–respondió en voz baja, sintiendo como si algo le oprimiera el pecho ante esa
situación- Pero gracias, Michio –sonrió de manera cálida tomando el mentón del
otro con cuidado para obligarle a verle. Al tener su mirada fija uno del otro,
el menor sonrojó por completo por lo que miró hacia otro lado sin quitar el
mentón de la mano de William- Sabes que… soy mayor que tú por diez años,
¿verdad? –preguntó con un tono suave sin dejar de mirarle. El ojiazul asintió
sin verle aun- Entonces, ¿por qué a mí? ¿Por qué te fijaste en mí? –volvió a
pregunta con el mismo tono de voz.
- N-no sé –respondió el menor en voz baja mientras unas
pequeñas lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas mientras trataba de contenerlas
sin éxito alguno.
- Michio... –murmuró su nombre al notar las lágrimas que
apenas brotaban- N-No llores, no me gustaría verte así
El menor se limpió las lágrimas zafándose de la mano que
lo sostenía suavemente- Será mejor que me vaya. Mañana nos vemos en el lago a
la misma hora, ¿está bien? –dijo con una débil sonrisa tratando de actuar como
si nada hubiese pasado.
- Claro pero yo… -el mayor soltó un suspiro y volvió a
sonreír sin muchas ganas- Te esperaré mañana, ¿de acuerdo? –continuó con las
intenciones del menor
El azabache asintió- Gracias por las clases de natación y
la comida –dijo agradeciendo las atenciones ajenas mientras se levantaba
tomando su libro y comenzó a caminar hacia su casa tratando de no llorar hasta
estar lejos de William.
- No fue nada –respondió antes de que avanzara el menor,
se puso de pie de igual manera y caminó hacia el menor, lo tomó del brazo y lo
giró, abrazándolo instantes después- Más vale que vayas mañana ¿Bien? -rio un
poco tratando se suavizar el ambiente. El menor asintió sin sonreírle ni
mirarle contestándole con un cortante “nos vemos mañana”, se separó
delicadamente y siguió su camino- Adiós –murmuró el ojiverde al ver al menor
alejarse, soltó un suspiro y tomó sus cosas para irse del lugar.
Al estar lejos, Michio comenzó a llorar y sin querer
llegar a casa de aquella manera se detuvo en el parque donde siempre leía.
Estando solo, lloraba como si no existiera un mañana. En esos momentos, Michio
pensaba y aseguraba que el haberle dicho sus sentimientos, al mayor, habían
sido completamente una equivocación, ahora su plan por si sucedía esto, no
parecía tan sencillo. La tristeza de Michio rodaba en forma de lágrima sobre su
mejilla, todos le hubieran dicho que eso
era una lágrima pero él, él lo sentía como si una parte de su corazón saliera
de sus ojos en forma de agua.