Todo
había estado en silencio, sin respuesta de ninguno de los dos hasta que el
mayor se atrevió a comenzar, nuevamente, a hablar- ¿Sabes? Estuve pensando en
lo que me dijiste, y solo puedo decirte que... –rio un poco- Me has dejado
confundido. Eso es extraño, ¿no lo crees?
-
¿Confundido? ¿Por qué? –preguntó el menor con un rostro, confundido y
sorprendido por su respuesta. “¿Será que si me corresponde o no quiere romper
mi corazón?” Le miraba atento.
-
Porque... hasta momentos antes de que dijeras eso, yo sabía que te quería como
a un amigo, después... después no supe nada mas –rio de nuevo, bebiendo un poco
de jugo, sin quitar la mirada de este al igual que el menor.
El
menor se quedó estático, aunque aparentaba haberlo estado así desde que comenzó
la conversación- De verdad no tienes porqué torturarte con eso, como ya te dije
es algo que se me pasará... –“¿Por qué le decía eso? ¿Por qué no le insistía,
teniendo la oportunidad perfecta?” Simple, no quería obligarlo.
-
Lo sé pero, tal vez, yo tarde un poco más –sonrió el ojiverde mientras
observaba su jugo de nueva cuenta, sintiéndose algo avergonzado por lo dicho.
-
¿Por qué tendría que ser así? –preguntó dándole un sorbo a su jugo, sintiendo
como le refrescaba aquel líquido la garganta. Las insinuaciones del mayor no
las entendía, era muy pequeño como para tener conocimiento de eso.
-
Hn... –observó al techo, como si fuera a encontrar la respuesta en ese lugar-
En realidad... no lo sé –rio mientras volvía su mirada al menor- Comienzo a
pensar que no sé explicar lo que siento –trataba de decirle lo que sentía, pero
al no tenerlo claro le costaba expresarlo. Se sentía mal ante las respuestas
del menor, pues a pesar de no tener bien definidos sus sentimientos, aquellas
palabras indiferentes le dolían.
-
Tranquilo... –comentó el menor volteando a ver al mayor, chocando con su
mirada, lo que provocó que un sonrojo inundara sus mejillas, desviando la
mirada casi al instante- D-de verdad... no te preocupes...
-
Supongo que... gracias –le despeinó, resignado al ver la defensiva del menor y
terminó su jugo poco después- Dime... ¿Te gustan los videojuegos?
El
menor optó por tratar de olvidar la conversación, no quería hacerse falsas
ilusiones y mucho menos si se trataba de su nuevo y primer amigo. Se sonrojó
por la caricia, inevitablemente, sintiendo que otra vez sus emociones volvían a
‘molestarle’- Si, aunque no sé jugar muy bien –comentó un poco avergonzado al
no saber.
- Hn...
Creo que también tendré que enseñarte eso –comentó divertido el ojiverde
mientras se ponía de pie y dejaba su vaso, vacío, sobre la mesa más cercana-
Vamos a m cuarto –el menor imitó al mayor, dejando su vaso, casi lleno, sobre
la mesa para luego seguirle. El mayor le guió hasta la habitación y se dirigió
rápidamente a su consola, la prendió y tomó un par de controles- ¿Qué te
gustaría jugar? –le preguntó amable, con una sonrisa sincera.
-
N-no sé, lo que te guste más –respondió apenado el ojiazul, pues no sabía mucho
sobre el tema, muy pocas veces había jugado y ya tenía algo de tiempo. Se sentó
en la cama del otro.
-
De acuerdo –observó sus juegos, intentando escoger alguno- ¿Te gustan las
carreras? –le preguntó al menor, volteándole a ver. El ojiazul asintió para
luego seguir observando la habitación- Entonces creo que te gustará esto
–sonrió mientras colocaba el juego en la consola y llevó el control
correspondiente al menor- Solo que jugaremos por turnos, ¿de acuerdo?
-
Pero, tu primero... –le dijo infantilmente, pues no recordaba como jugar.
-
De acuerdo, observa –dijo el ojiverde mientras intentaba hacer una pose de
superioridad, riendo un poco por eso. Una vez el juego comenzó, tomó el control
con fuerza y trató de jugar lo mejor posible, para impresionar al menor, a
pesar de que no le fuera muy bien en ese videojuego- Primero, tienes que
apretar este botón para acelerar... y después este otro... y después...
–continuó explicando en el proceso, apretando los botones correspondientes
mientras el menor observaba con mucha atención, no quería quedar mal. William
no logró ganar pero al menos había quedad en un buen lugar por su esfuerzo-
Creo que... puedes hacerlo mejor –sonrió apenado mientras le cedía el control.
Michio tomó el control con algo de nervios y comenzó a conducir torpemente una
vez inició el juego, chocando con todo. El ojiverde rio un poco, divertido por
la situación- Debes apretar este botón y tratar de controlar esto de aquí...
–comentó divertido mientras señalaba lo correspondiente- ¡Tú puedes! –el
ojiazul, comenzó a conducir mucho mejor aunque aún chocaba de vez en cuando-
Conduces mejor que yo –comentó el mayor, divertido y asombrado ante el progreso
tan veloz del menor. Michio solo rio al escucharle y poco después terminó el
juego. Miraron las estadísticas y a pesar del gran avance del menor, había
quedado en penúltimo lugar. El mayor, divertido, mordió su labio inferior
aguantando un momento la risa- ¿Ves? Eres bueno, no llegaste en último lugar...
-
¡Oye! –expresó el menor divertido, riendo por lo mismo. Tomó la almohada del
mayor y comenzó a pegarle, teniendo cuidado de no lastimarle, aunque eso fuera
casi imposible.
William
se cubrió con uno de sus brazos, riendo más confiado- Parece que alguien se ha
enojado –dijo para después tomar su almohada que tenía el otro y quitársela en
juego- Creo que es mi momento de venganza –sonrió amplio y se acercó al otro,
intentando hacerle cosquillas en cualquier parte.
-
Jajajaja ¡No! Jajajaja ¡basta, basta! –trataba de apartarlo, retorciéndose ante
las cosquillas, era muy cosquilludo.
El
mayor negó un poco y continuó con lo suyo sin perder la sonrisa- Pero parece
que te estás divirtiendo, no creo para en un buen rato –bromeó, riendo al igual
que el menor, con la única diferencia que él lo hacía por diversión. El menor
aun trataba de apartarlo sin mucho éxito, sin parar de reír. El ojiverde
recostó al otro sobre la cama sin parar lo que hacía- ¿Ves? Es divertido
–siguió con las cosquillas hasta que, ‘sin querer’, quedó encima del otro.
Michio abrió los ojos y le miró, provocando el sonrojo de ambos. Todo se detuvo
en ese momento, o al menos para ellos dos. Sus corazones latían con rapidez,
sintiendo como su aliento chocaba uno contra otro por la cercanía. Esta escena
quedó así por varios segundos hasta que el ojiverde reaccionó y se acomodó a su
lado, cansado por el forcejeo del menor- Veo que eres muy fuerte... –comentó
como si nada hubiera pasado.
“¿Qué
había sido eso?” Se preguntaron los dos, mentalmente, sintiendo como todas sus
emociones sobresalían a través de su cuerpo.
Michio
había quedado estático y le costó más trabajo reaccionar pues, según él, tenía
ya sus sentimientos definidos y aclarados- Jeje gracias... –respondió tratando
de hacer lo mismo que el mayor, aun sonrojado y con la respiración agitada por
el juego.
-
Creo que estoy agotado –comentó mientras observaba el techo- ¿Qué me dices de
ti? ¿Estás cansado? –preguntó con la respiración agitada, sintiendo como el
corazón latía con rapidez. ¿Había sido por el juego o por lo que sucedió?
-
Si, también –respondió el ojiazul, aun agitado mirando, de igual manera, el
techo, tratando de no dirigirle una mirada al mayor.
-
¿Crees qué tus padres digan algo si no llegas hoy a casa? –preguntó, pues no
quería que se fuera el menor. “¿Por qué dije eso? Simple, estoy cansado y es
algo tarde, es peligroso” Trató de convencerse de una manera errónea el mayor.
El
menor se sonrojó por la pregunta “¿Por qué me pregunta eso?” Miró el cielo y ya
estaba por oscurecer “Se preocupa por mi” Pensó- No creo, ¿por qué? –decidió
preguntar, pues a pesar de ser un tanto directa la pregunta, no le satisfacía
lo que quería escuchar.
-
¿Quieres quedar conmigo hoy? –le sonrió un momento- Puedes dormirte en mi cama
si quieres.
-
Claro, me encantaría –respondió sonrojado, sin poder creer lo que había
escuchado- P-pero, ¿tú dónde dormirás? Me sentiré mal si tú, en tu casa,
duermas incómodo por mí. Prefiero dormir en el sofá.
-
Descuida, en algún momento compraré una cama más grande, va a ser falta después
de todo –se encogió de hombros, restándole importancia- Puedo yo dormir en el
sofá.
-
Sí, tendrás que hacerlo cuando tengas a tu pareja pero tranquilo, prometo
recordarte –comentó con tristeza, ocultando sus verdaderos sentimientos y
riendo divertido, como si se tratase de una broma, una broma muy pesada para
los dos. Pero esta noche, soy yo el que duerme en el sofá, de verdad –se sentó
en la cama- No te preocupes.
El
ojiverde se quedó estático al escuchar decir al menor sobre la pareja, y pensó
en decir algo con respecto a eso pero prefirió callar- ¿Por qué no dormimos
juntos? –preguntó sonriente- Los dos cabemos bien, ¿no lo crees?
Michio,
se sorprendió por completo a la pregunta, eso si no lo esperaba- ¡¿E-eh?! N-no
lo sé... –estaba rojo por aquella sorpresa. Él durmiendo con el mayor, ¡era
imposible!
-
Los dos cabemos en este lugar, la cama no está muy pequeña después de todo
–sonrío un poco más- Prometo no moverme mucho en la noche –bromeó.
Una
vez logró el mayor convencer, bueno, hacer que aceptara el dormir juntos hubo
un problema, pequeño; el pijama de Michio. El mayor, entre sus cosas aun
guardaba ropa que ya utilizaba por pequeña, entre ellos un pijama, el cual
consistía en un pantalón verde con pequeñas figuritas blancas y una playera
igual que el pantalón. Michio, muy propio, fue al baño a cambiarse notando que
a pesar de ser chica el pijama para el mayor, a él le quedaba un poco grande.
Salió del baño con su ropa doblada y peleándose con el pijama pues conforme
caminaba, comenzaba a caérsele. El mayor
ya se había cambiado, aprovechando que el menor estaba en el baño.
-
¿Te quedó bien? –le preguntó el mayor, a pesar de ser obvio pero no le importó
ya que lo que quería era asegurarse de que no pasaría lo mismo con el traje de
baño.
-
S-sí, un poco grande pero no creo que pase nada –le respondió con una sonrisa,
poniendo su ropa bien doblada en una silla.
El
ojiverde rio de manera leve y se recostó en la cama, dejando un espacio para el
menor- Esperemos que sea así, aunque podemos ocupar sábanas si eso te hace
sentir más seguro
-
N-no, no es necesario... De verdad, así está bien –dijo mientras se recostaba
junto a él, dándole la espalda. El mayor al tenerlo cerca sonrió y le abrazo
leve, soltó un suspiro y cerró los ojos.
Michio
se sonrojó por completo al sentir el abrazo por parte del mayor. Su corazón
latía con rapidez pero sabía que jamás podría pasar, o eso creía. Le miró de
reojo y suspiró, cerró los ojos conteniendo las ganas de llorar. “Aprovechar lo
que tengo” Es lo que pensaba pero costaba trabajo cuando la persona que le
gusta no le corresponde además de que era el único amigo que tenía.
William,
abrió los ojos un momento, sonriendo al ver al chico dormido, o eso pensaba él-
Descansa, Mich... –murmuró para después besar levemente la frente del menor, le
agradaba su compañía y al menos eso es lo que tenía que hacer por lo mal que se
había comportado el día anterior.
-
Descansa, Will... –fue la última respuesta de esa noche.