William observó fijamente al
menor unos momentos, negando con la cabeza al escuchar lo último- No, en
realidad no tenía nada que hacer... ¿Quieres dar una vuelta? -sonrió un poco,
tratando de animar al otro de alguna manera.
El ojiazul le miró y sonrió tímidamente correspondiendo
la sonrisa que el mayor le ofrecía- Me encantaría... -respondió apenado.
- Entonces vamos, creo que en el bosque se puede ver un
paisaje algo apacible -comentó sonriente el más grande mientras lo guiaba.
- De acuerdo... –respondió el menor mientras se ponía a
su lado para comenzar a caminar junto con él. Le miró inclinando levemente la
cabeza- ¿Qué edad tiene usted? -le preguntó curioso.
- ¿Ah? -rió un poco ante la pregunta, llevando una de sus
manos detrás de su nuca- Tengo veinticinco años -respondió un poco sonrojado-
¿Y tú?
- Quince... pronto cumpliré los dieciséis -dijo un tanto
emocionado por lo poco que faltaba para aquel día tan deseado.
- Vaya ¿Y qué piensas hacer para celebrarlo? -continuó
con la misma sonrisa, caminando hacia su destino- Por cierto, ¿cuándo los
cumplirás?
- Dentro de un mes exactamente -sonrió emocionado- y algo
para celebrarlo mmmm no se... -bajó la mirada pensando en alguna idea sin
éxito.
- Pensaba que tenías algo planeado, a tu edad siempre me
emocionaba planear mi cumpleaños... -soltó un suspiro, hablar de esa forma solo
lo hacía sentirse viejo- Bueno, algo así.
El azabache le miró un tanto apenado- Es que no tengo
amigos... y mis padres no les gustaría celebrarme, se le hace mucho gastadero
de dinero por nada –contestó bajando la mirada conforme hablaba.
- ¿Hn? –el mayo lo observó un momento para después llevar
si diestra a su mentón, pensando un poco- ¿Te gustaría celebrar tu cumpleaños
conmigo?
- ¿D... de verdad? -le miró con un rostro lleno de
ilusión, con un brillo de emoción en sus ojos al escuchar la propuesta del
mayor. Estaba confiando muy rápido en el otro pero una vocesita en su mente le
decía que no debía preocuparse por ello.
- ¡Claro! La pasaremos muy bien -comentó, dedicándole una
sonrisa al final- ¿Qué dices? –le preguntó con la misma emoción con la cuál le
había contestado el menor.
- ¡¡SI!! ¡Me encantaría! ¡Gracias! –en un acto de
infantilismo le abrazó agradeciéndole por su gesto. Al percatarse de lo que
estaba haciendo, se separó del cuerpo ajeno con rapidez- l...lo... siento...
–se disculpó apenado mientras un tono carmín inundaba su rostro.
El ojiverde se sorprendió un poco por el abrazo del
menor, riendo al final- No hay problema, me alegra que estés más contento -dijo
para después colocar una mano sobre los cabellos del menor, despeinándolo un
poco, claro que con cariño.
El menor cerró los ojos sonriendo sonrojado por la
caricia que le había obsequiado el mayor- ¿Usted cuándo cumple? -le miró
curioso con un ligero rubor, pues a veces no sabía sí era imprudente con sus
preguntas.
- En realidad, no hace mucho cumplí los veinticinco...
fue hace tres meses -comentó, sonriendo esta vez de una manera más torpe- No
hice la gran cosa
El ojiazul sonreía verdaderamente feliz- Ha de tener
muchos amigos... –comentó mientras caminaba, prestándole más atención a el
camino para evitar tropezarse.
William negó un par de veces- No acostumbro a salir mucho
de casa, solo hago mi rutina y es todo -suspiró resignado, pues pensaba que debería
comenzar a salir más seguido-
-¡Ooh! ya veo –respondió el menor y siguió caminando, en
silencio, no se le ocurría nada más que decir. Miraba al suelo, pues tenía
miedo a tropezarse y pasar una vergüenza frente a su nuevo amigo.
Por suerte de Michio ya habían llegado al pequeño bosque,
del que le había contado William, justo cuando la conversación había dictado su
término. Era un lugar tranquilo, lleno de árboles que parecía hacían una cerca,
rodeando el centro de aquél hermoso lugar, como si estuvieran protegiendo u
ocultando algo sagrado o bello. Desde el centro de aquél lugar se podía observar bastante bien el atardecer,
pues los árboles hacían un pequeño, pero suficiente, espacio para poder
visualizar aquellos paisajes hermosos que nos brindaba la naturaleza.
- Llegamos –dijo el mayor mientras señalaba un lugar
despejado entre los árboles- Ese parece un buen lugar para tomar asiento, ¿no
lo crees?
Michio asintió un par de veces- Se ve hermoso~ -dijo con
los ojos llenos de ilusión al ver el hermoso paisaje. Aquella imagen había
captado por completo su atención.
El mayor sonrió de nuevo- Me alegra que te agrade
-suspiró mientras observaba el lugar- Vamos a sentarnos –invitó al menor
mientras comenzaba a caminar hacia el lugar que había señalado para disfrutar
de aquella hermosa vista.
El azabache asintió y lo siguió sin quitar la vista del
maravilloso paisaje por lo que no vio una raíz que sobresalía del suelo haciendo
que tropezara con ella sin caer, pues logró mantener el equilibrio evitando la
mayor vergüenza.
William respiró profundo una vez allí, sonrió y volvió su
mirada al menor- ¿E...Estás bien? -preguntó nervioso y preocupado, dirigiéndose
hacia el otro- Deberías tener más cuidado, Michio.
- S...si, lo siento... -le miró apenado, con un sonrojo por
la pena, pues no hubiera querido que el otro le viera. Se sentó a su lado
viendo mucho mejor todo mientras esperaba, sin quitar la mirada de la grandiosa
vista, que el mayor se sentara a su lado.
- Que bien -Sonrió más aliviado y tomó asiento sobre el pasto,
observando al cielo- No recuerdo cuando fue la última vez que vine aquí.
Michio sonreía feliz- Es muy tranquilo aquí y muy
hermoso. Si fuera por mí, no me iría nunca... –comentó cerrando los ojos,
dejando que el aire de la tarde, o de lo que quedaba de ella, le despeinara,
volviendo a abrir los ojos para no perder ni un detalle.
- Si... Tal vez deba de venir más seguido, aunque creo
que es mejor venir acompañado ¿No lo crees? –preguntó con su, característica,
sonrisa en el rostro.
- Si, es mucho mejor estar en compañía –le dio la razón
al ojiverde mientras se recostaba en el pasto, sin despegarse del otro,
sonriendo con un rostro de tranquilidad.
- Dime... ¿Te sales de casa muy seguido? -preguntó,
intentando sacar un tema de conversación- Si estás solo puedes ir a mi casa, no
está muy lejos de aquí.
- Sí, no me gusta estar en mi casa. Me la paso encerrado
en mi cuarto. –le miró una vez escuchó el resto del comentario ajeno- ¿No será
mucha molestia ir a su casa?
- Descuida, no es molestia -sonrió- Puedes ir cuando
quieras... Después te mostraré donde queda.
El ojiazul asintió emocionado, era el primer amigo que
hacía- Gracias. -le agradeció feliz, mirándole con un brillo en sus ojos
azules.
- No es nada, así ya podré hacer algo de provecho por las
tardes -rio un poco, ligeramente apenado por su comentario.
El menor rio ligeramente, divertido. Cerró los ojos
disfrutando de la ligera brisa mientras sus brazos se cruzaban sobre su pecho.
Suspiró feliz, de verdad estaba disfrutando aquél día.
- Pareces más calmado ahora -comentó el mayor mientras le
observaba sin dejar de sonreír- ¿Habías venido aquí antes? –le preguntó sin
apartar su mirada, de hecho estaba ligeramente intrigado por la, ahora,
tranquilidad que emitía el menor.
Michio abrió los ojos al escuchar su pregunta
sonrojándose al chocar su mirada con la otra, poniéndose nervioso al instante-
N...no, es la primera vez. –comentó entre ligeros tartamudeos.
- ¿De verdad? Vaya... Pensé que habías estado aquí antes
–expresó William mientras quitaba la mirada del otro, aparentando no inmutarse
ante las reacciones del menor.
- Negó con la cabeza un par de veces, tratando de
tranquilizar sus nervios en el proceso- No, pero es muy hermoso. –comentó sin
apartar la mirada del mayor, sonrojándose al percatarse de lo que estaba
haciendo.
- Supongo que no tengo malos gustos entonces -dijo
divertido, recostándose a su lado sin pena alguna.
- Miró recostarse el mayor, sonrojándose aún más al
tenerlo nuevamente tan cerca. Volvió a cerrar los ojos intentando calmar los
latidos de su corazón, sonriendo feliz, provocando que fuera inútil su intento-
T...tiene muy buen gusto... –dijo al fin.
- Gracias -sonrió, observándolo casi al momento- Dime,
¿tienes hermanos? –preguntó para retomar una nueva conversación intentando que
no los invadiera aquél silencio tan incómodo tan pronto.
El menor abrió sus ojos y le miró sonrojado al volver
chocar sus miradas, dejando que un silencio se entrometiera- No... –dijo con
rapidez, tratando de ocultar aquél silencio que, según él, delataban sus
“síntomas”- Soy hijo único, ¿y usted? –regresó la pregunta con curiosidad.
- ¿Yo? –sonrió el ojiverde- Soy hijo único aunque,
supongo que, me hubiera gustado tener algún hermano -suspiró- Por cierto,
llámame por mi nombre, el que me llames por "usted" hace que me
sienta más viejo de lo que ya soy -comentó en broma- ¿Si?
- Rio ligeramente ruborizado- De acuerdo, William –le
respondió con una sonrisa tímida pero sincera.
- Podrías ser tú mi hermano menor –comentó con una
sonrisa- ¿No?
El menor se sorprendió por lo dicho por el mayor,
sintiendo como su corazón se rompía en mil pedazos, pues al parecer había
sentido algo por el otro- C...claro... –dijo con una sonrisa fingida.
- Por cierto... ¿Tienes algo que hacer mañana? -le
observó el mayor con curiosidad, sonriéndole en todo momento, sin notar aquella
sonrisa.
- N...no... No tengo nada que hacer –respondió
sorprendido ante la pregunta.
- Entonces, ¿puedo verte mañana de nuevo? –le preguntó,
esperando a que la respuesta fuera positiva.
- C...claro... Es muy agradable tu compañía... -dijo con
un ligero y apenas perceptible sonrojo junto con una sonrisa que delataba su
emoción y felicidad que le daba al saber que volvería a verlo.
- No es nada -volvió a despeinarlo un poco, divertido por
eso.
Michio cerró los ojos al sentir la caricia en su
cabeza, sonrojándose por ello. Rio un poco, divertido y tímido.
