Aún
era de madruga. El día anterior el menor le había dicho lo que sentía al más
grande y no estaba seguro de si le correspondía o no pero lo que más imaginaba
era que no, tratando de no darse esperanza. Se quedó toda la madrugada
despierto, llorando mientras sus ruegos eran contradictorios al querer y no
querer, al mismo tiempo, ver a William. Mientras el mayor ya estaba flotando en
el agua recordando las palabras del menor respecto sus sentimientos, le había
tomado por total sorpresa, no sabía que decir o hacer pero lo que si sabía era
que Michio era menor de edad y él ya tenía veinticinco años, edad suficiente
como para pensar en los riesgos de esa relación.
¿Qué
sentía William por Michio? Esa era la pregunta, interrogativa que el ojiverde
no se respondía, sentía que no podía responder aquella pregunta pues la
diferencia de edad era, de verdad, notoria además de que el riesgo de una
relación entre ellos era elevado.
William
tenía los ojos cerrados flotando sin nadar ni un poco, esperando a que
“alguien” apareciera de entre los árboles aunque sabía que eso era casi
imposible si se toma en cuenta que era muy temprano y el sol no había salido
aún. Normalmente el solo hecho de practicar ese deporte hacía que el tiempo se
esfumara rápidamente, pero hoy era distinto, el tiempo corría como si no le
importase nada, de cierta manera, parecía que gustaba de torturar al castaño.
Soltó un suspiro y continuó con lo suyo, esperando a que la noche pasara
rápidamente para ver a aquella persona.
Poco
a poco fue amaneciendo y se acercaba cada vez más rápido el momento del
encuentro de aquellos dos amigos, por lo que Michio y William se ponían cada
vez más nerviosos, recordando sin poder olvidar el día anterior.
Micho,
por fin había podido conciliar el sueño, pues el cansancio físico y mental era
demasiado. Mientras, el mayor aun esperaba la llegada del ojiazul, tratando de
mantener aquella esperanza que le decía si
va a llegar aunque cada vez era mas difícil.
Después
de un largo rato, un rayo de luz, colado por la ventana, despertó al menor-
¿Hn? –se talló los ojos para despertarse aún mejor y sin muchas ganas se
levantó para entrar al baño y darse una refrescante ducha, pensando en que le
ayudaría un poco de agua tibia caer por su cuerpo, no fue así. Terminó de
duchar y se vistió con cualquier cosa, y aprovechando que sus padres aun no
despertaban, salió de la casa rápido para no ser notado para luego caminar sin
muchos ánimos hacia donde encontraría al mayor.
William
miró al ojiazul a lo lejos, sonriendo feliz al ver que si había llegado y no lo
había dejado plantado. Se iba a acercar rápidamente para abrazarle, pero no lo
consideró prudente después de lo sucedido del día anterior por lo que solo
salió del lago donde había estado flotando casi todo la noche- Hola, Michio –le
saludó con una ligera sonrisa.
-
Hola, Will –dijo el menor sin muchas ganas tratando de evitar la mirada del
otro.
-
Quiero platicar contigo, ¿podemos? –le preguntó un poco triste e incómodo por
la actitud, obvia, del otro.
El menor asintió. No estaba seguro de si quería
saber o no, tenía curiosidad, pero el solo hecho de haber más probabilidades de
ser rechazado le daba miedo ¡No quería saberlo! Pero nada podía hacer en esos
momentos, ya había aceptado la charla con el mayor y no tenía la suficiente
seguridad en ese momento como para negarse.
El
ojiverde le invitó a sentarse en la sobra de un árbol, pues el sol ya había
llegado a iluminar todo a su paso y para poder hablar de lo que quería el más
grande necesitaban estar concentrados y cómodos. Sin poder negarse, Micho, se
sentó sin verle a la cara, esperando a que aquella “tortura”, como le llamaba,
terminara pronto.
William
tomó asiento a lado de él y volteó a verle, dedicándole su característica
sonrisa- ¿Sabes? Me gustaría escucharte hablar –le dijo tratando de relajar el
ambiente, pues estaba un poco tenso para luego despeinarle ligeramente, acción
que provocó el sonrojo del menor.
“¡No
hagas eso!” Gritó en su mente Michio al sentir la caricia, pues había sentido
como su corazón se aceleraba con tan solo ver sonreír al otro y mucho más al
sentir su caricia “¡Si no me correspondes, ¿por qué haces eso?!” Pensaba
sintiendo como cada vez le costaba más trabajo contener las lágrimas- No sé
cómo qué decirte –le contestó tratando de sonar lo más indiferente posible, sin
dirigirle una mirada al mayor.
-
Tal vez podrías hablarme sobre lo que soñaste hoy. ¿No te regañaron por llega
tarde? –preguntó intentando que el menor entrara en confianza, pues notaba el
cambio de ánimo del otro.
-
Pues no, no me regañaron y no soñé nada –le respondió aun siendo indiferente,
estaba triste y no tenía ganas de demostrar cosas que no eran ni mucho menos
hacerle saber a su “amor imposible” que estaba triste, pues no le agradaba
causar lástima ni hacer sentir mal al otro por su culpa- ¿Y tú?
William
soltó un suspiro al oírlo, sabía lo que le sucedía, pero no quería mencionarlo
ya que no sabía si era prudente hacerlo o no- Ya veo… Yo recordaba mi sueño en
la mañana… por alguna razón lo he olvidado –rio con torpeza.
Michio
rio un poco pero sin muchas ganas- Siempre tan olvidadizo –le dijo sin, aun,
dirigirle la mirada, tratando de seguirle la corriente al mayor para no hacerlo
sentir culpable por la situación.
¿No
te ha pasado? A mí, me ocurre muy seguido –comentó, observando al menor- Lo siento,
Mich... –se disculpó en voz baja, colocando una de sus manos en la mejilla del
menor, el cual le sonrió melancólicamente- No te preocupes –le respondió
sencillamente, pues no era su culpa- Yo quería... –comenzó a hablar el mayor,
deteniéndose justo después- Iré a casa, olvidé mi ropa y tengo que cambiarme,
¿puedes acompañarme? –el menor asintió sin decir palabra. El ojiverde se puso
de pie y le extendió su mano, sonriéndole un poco- Esta es la primera vez que
me acompañas, así que déjame guiarte, ¿sí? –el ojiazul tomó su mano
exclusivamente para levantarse, sonrojándose un poco y comenzó a caminar a su
lado tratando de no hacer ningún contacto físico o visual- He notado que no me
has dirigido la mirada desde que llegaste –comentó el ojiverde mientras caminaba
rumbo a su casa, soltó un suspiro y prosiguió- ¿Por qué?
-
Porque aún me siento extraño –confesó sin mirarle, sonrojándose y entristeciéndose
al recordar el día anterior además de que por la actitud del otro, era obvio
que no le correspondía pues trataba de no tocar el tema.
-
No tienes porqué sentirte así. Si es por mi comportamiento, puedo cambiarlo –le
sonrió leve e iba a acariciar el cabello del chico pero se abstuvo- En
realidad, es la primera vez que me sucede algo así –rio un poco, continuando
con su camino.
-
No, no tienes por qué cambiar. Muchas personas me dicen que soy pequeño y que
este tipo de cosas se me pasarán rápido, lo superaré –le miró, por fin,
sonriendo con la misma melancolía de antes- Lo prometo.
-
¿Eso te han dicho? –continuó el ojiverde mirando hacia el frente- Cuando yo era
más pequeño me decían lo mismo, también me decían que no sabía lo que quería o
cosas por el estilo... Peo yo pensaba y sigo pensando que están equivocados.
-
Tal vez tengas razón, pero en este momento me gusta pensar que lo que dicen es
verdad –le contestó el ojiazul volviendo a agachar la mirada.
-
Yo... no sé qué puedo hacer para que vuelvas a tener la misma confianza de ayer
–suspiró, observándolo un momento para después volver su mirada al frente.
-
Prometo tratar de ser el mismo de antes –le dijo volteando a verle ocultando,
casi por completo, su tristeza. No quería que el mayor se siguiera sintiendo
culpable por la situación pues era culpa del menor, no de William o eso pensaba
Michio.
-
Eso me alegraría bastante –le sonrió el ojiverde, observándolo también- Por
cierto, esa es mi casa –señaló una pequeña casa un poco más al frente- Es algo
pequeña pero prometo arreglarla cuando vivamos jun… -se calló en el último
instante, decidiendo no terminar lo que estaba a punto de decir, no sabía que
reacción tendría el menor al respecto.
Michio
decidió ignorar el comentario, pensando en que sería lo mejor, aunque
internamente lo sintió como una cuchillada en el corazón, lenta y
profundamente- Es una bonita casa –mencionó tratando de sonreír como si nada
sucediese.
-
¿Eso piensas? –sonrió amplió el ojiverde y le tomó de la mano al menor lo que
provocó un ligero sonrojo en el rostro del ojiazul- Ven, te la mostraré
–comentó para después jalarle un poco, corriendo hacia la casa. Le soltó una
vez estuvieron frente a la casa para abrir la puerta, se apresuró con eso y se
hizo a un lado, dándole pase al menor- Entra -entró el menor, agradeciendo la
invitación, observando la casa- De verdad es muy bonita –mencionó el ojiazul-
Gracias por el cumplido, pero casi siempre está desordenada –rio el mayor
avergonzado mientras entraba a la casa, cerrando la puerta tras de si- Toa
asiento, iré a cambiarme, estoy empapado y es un milagro que no haya comenzado
a resfriarme –sonrió- No tardo –y dicho esto salió corriendo con destino a su
habitación. Michio asintió y se sentó en uno de los sillones, observando la
sala y esperando al mayor. William bajó después de unos instantes, y fue a
sentarse a un lado del menor- Ahora estoy mejor –comentó divertido, sonriéndole
al chico el cual le correspondió la sonrisa aun sintiéndose un poco extraño con
sus sentimientos fluir en ese momento. William le invitó algo para beber y fue
a la cocina por las bebidas y regresando con dos vasos llenos de jugo,
entregándole uno al menor, quien agradeció- Mich... –el ojiverde, observó
atento el líquido de su vaso, soltando un suspiro para continuar- Quiero que
sepas, que eres alguien muy especial para mí... Y que me agradó escuchar lo que
sentías por mí, me alegraste en ese momento.

Michio
se quedó estático observando su jugo al escucharle, no sabía cómo reaccionar o
que decirle por lo que optó por decir cualquier cosa- M-me alegra escuchar eso
El
mayor llevó una de sus manos a la frente del menor para despejarla, acercándose
poco después para depositar un breve beso en ese lugar- Te quiero, Mich
El ojiazul se sonrojó por completo, sorprendido
ante la acción del otro. Su corazón se aceleró y eso se podía notar al observar
como brincaba levemente su pecho, “¿por qué me decía eso? Es obvio que solo me
quiere como amigo. ¿No era ya suficiente tener que actuar frente a mi mejor, y
único, amigo lo que sentía por él? ¿Por qué tenía que hacerme sentir peor? ¡No
me confundas más! No quiero perderte”- Gracias, Will –fue lo único que pudo
decirle, no se atrevía a responderle con un ‘yo también te quiero’ ¿qué podía
hacer él en esa situación? Él tenía 15 años y el mayor 25, había una gran
diferencia, diez años, solamente 10 años. Era un amor imposible, ¿qué más
podría pasarle a Michio? Nada podría hacerlo sentir peor, ya no tenía esperanza
en el amor, siendo la primera vez que lo sentía, ¿qué podía ser peor? Lo único
que tendría que hacer es olvidarse de sus sentimientos sinceros hacia su único
amigo.