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viernes, 8 de noviembre de 2013

La edad no influye sí de verdad se ama - Capítulo 4-5 – Pensamientos


Michio

“¿Qué pasaría después de haberle dicho mis sentimientos? ¿Qué pensará? ¿Me corresponderá o solo seré una persona más rechazada por su mejor amigo? ¿Es que acaso yo no merezco amar? ¿O sencillamente no es él el indicado? ¿Por qué tenía que enamorarme ahora? Apenas lo conozco, o sé de él. ¿Cómo pude, cómo puedo, confiar en él? ¡¿Qué ha hecho él por mí?!”

Entonces, fue en ese momento en que Michio se dio cuenta que William, a pesar de no haber hecho nada por él, que cambiara algo (externo), esas pequeñas cosas, esas pequeñas atenciones, lo habían ido enamorando…poco a poco…

“¡Yo no me enamoro fácil! ¡Yo no lo amo! Entonces… ¿Por qué le había dicho que me gustaba si no es así? ¡¿Por qué?! Es difícil.”

¿En quién confiar si la persona a la que tanto confías, te gusta?

Ese tipo de cosas volvían loco al menor. Estaba muy chico, de edad, como para poder llegar a comprender algo así, como el sentimiento del amor, aunque no lo suficiente como para no sentirlo por alguien externo a su familia. ¿Qué hacer en esa situación? ¿Fingir que no pasaba nada?, ¿insistirle?, ¿huir?, ¿evitar el tema? Todas esas opciones llegaron como gotas de lluvia en una tormenta, rápido, pero no le convencían, no le agradaban, no le parecían. ¿Qué podía hacer? Esa era la única pregunta que de verdad le perturbaba.

El menor llegó a su casa, ocultando sus ojos rojos de tanto llorar después de haberse desahogado, no por completo, justo después de haberle dicho lo que sentía al mayor. “¿Me corresponde o no?”. Le quedó esa duda, después de ver la actitud del otro en respuesta a su declaración. Caminaba de un lado a otro en su habitación, hasta que por fin se agotó, física y mentalmente, de haber seguido llorando y de torturarse mentalmente con respecto a lo mismo. Se recostó en su cama, boca-abajo, viendo hacia la ventana en la que admiraba un paisaje sombrío; lleno de nubes grises donde no podía verse el sol ni el rastro de la luna, haciéndose notar que vendría una gran tormenta- El mundo se solidarizó con mis sentimientos –murmuró, cerrando los ojos, queriendo dormir, olvidarse de todo e implorando que nada hubiera ocurrido.

Se quedó dormido por un par de horas, pues el cansancio era demasiado. Pasadas las dos horas despertó, en la misma posición en la que se había recostado pudiendo, así, observar nuevamente el paisaje en donde ya se notaba la gran tormenta arrasar con todo sin poder destruir lo hecho por el hombre. Michio dio un gran suspiro. Se levantó de la cama con un poco de flojera. De los cajones, tomó su pijama y la colocó sobre su cama para así poder despojarse de su ropa y ponerla en el cesto de la ropa sucia. Se colocó rápidamente su pijama, pues con la tormenta hacía que el aire frío, se colara por las ventanas y puertas de la casa, provocándole escalofríos al ojiazul. Terminó de vestirse y se cubrió aún más, ya que, hasta él, admitía que era muy friolento. Tenía un poco de hambre, por lo que decidió bajar a la cocina por algo que comer, pues se le había ido el sueño con tanto problema mental y sentimental. Se preparó un vaso con chocolate caliente, y tomó un pan de dulce, terminó y subió a intentar volver a conciliar el sueño sin éxito.


Se movía de un lado al otro de la cama, tratando de ignorar aquellos pensamientos con respecto al ojiverde, cambiando de posición cada cinco minutos. Así pasó la noche hasta que faltaban pocas horas para el encuentro tan poco esperado.

lunes, 4 de noviembre de 2013

La edad no influye sí de verdad se ama - Capítulo 5 – Las cosas nunca son como las vemos.


Aún era de madruga. El día anterior el menor le había dicho lo que sentía al más grande y no estaba seguro de si le correspondía o no pero lo que más imaginaba era que no, tratando de no darse esperanza. Se quedó toda la madrugada despierto, llorando mientras sus ruegos eran contradictorios al querer y no querer, al mismo tiempo, ver a William. Mientras el mayor ya estaba flotando en el agua recordando las palabras del menor respecto sus sentimientos, le había tomado por total sorpresa, no sabía que decir o hacer pero lo que si sabía era que Michio era menor de edad y él ya tenía veinticinco años, edad suficiente como para pensar en los riesgos de esa relación.

¿Qué sentía William por Michio? Esa era la pregunta, interrogativa que el ojiverde no se respondía, sentía que no podía responder aquella pregunta pues la diferencia de edad era, de verdad, notoria además de que el riesgo de una relación entre ellos era elevado.

William tenía los ojos cerrados flotando sin nadar ni un poco, esperando a que “alguien” apareciera de entre los árboles aunque sabía que eso era casi imposible si se toma en cuenta que era muy temprano y el sol no había salido aún. Normalmente el solo hecho de practicar ese deporte hacía que el tiempo se esfumara rápidamente, pero hoy era distinto, el tiempo corría como si no le importase nada, de cierta manera, parecía que gustaba de torturar al castaño. Soltó un suspiro y continuó con lo suyo, esperando a que la noche pasara rápidamente para ver a aquella persona.

Poco a poco fue amaneciendo y se acercaba cada vez más rápido el momento del encuentro de aquellos dos amigos, por lo que Michio y William se ponían cada vez más nerviosos, recordando sin poder olvidar el día anterior.

Micho, por fin había podido conciliar el sueño, pues el cansancio físico y mental era demasiado. Mientras, el mayor aun esperaba la llegada del ojiazul, tratando de mantener aquella esperanza que le decía si va a llegar aunque cada vez era mas difícil.

Después de un largo rato, un rayo de luz, colado por la ventana, despertó al menor- ¿Hn? –se talló los ojos para despertarse aún mejor y sin muchas ganas se levantó para entrar al baño y darse una refrescante ducha, pensando en que le ayudaría un poco de agua tibia caer por su cuerpo, no fue así. Terminó de duchar y se vistió con cualquier cosa, y aprovechando que sus padres aun no despertaban, salió de la casa rápido para no ser notado para luego caminar sin muchos ánimos hacia donde encontraría al mayor.

William miró al ojiazul a lo lejos, sonriendo feliz al ver que si había llegado y no lo había dejado plantado. Se iba a acercar rápidamente para abrazarle, pero no lo consideró prudente después de lo sucedido del día anterior por lo que solo salió del lago donde había estado flotando casi todo la noche- Hola, Michio –le saludó con una ligera sonrisa.

- Hola, Will –dijo el menor sin muchas ganas tratando de evitar la mirada del otro.

- Quiero platicar contigo, ¿podemos? –le preguntó un poco triste e incómodo por la actitud, obvia, del otro.

El  menor asintió. No estaba seguro de si quería saber o no, tenía curiosidad, pero el solo hecho de haber más probabilidades de ser rechazado le daba miedo ¡No quería saberlo! Pero nada podía hacer en esos momentos, ya había aceptado la charla con el mayor y no tenía la suficiente seguridad en ese momento como para negarse.

El ojiverde le invitó a sentarse en la sobra de un árbol, pues el sol ya había llegado a iluminar todo a su paso y para poder hablar de lo que quería el más grande necesitaban estar concentrados y cómodos. Sin poder negarse, Micho, se sentó sin verle a la cara, esperando a que aquella “tortura”, como le llamaba, terminara pronto.

William tomó asiento a lado de él y volteó a verle, dedicándole su característica sonrisa- ¿Sabes? Me gustaría escucharte hablar –le dijo tratando de relajar el ambiente, pues estaba un poco tenso para luego despeinarle ligeramente, acción que provocó el sonrojo del menor.
“¡No hagas eso!” Gritó en su mente Michio al sentir la caricia, pues había sentido como su corazón se aceleraba con tan solo ver sonreír al otro y mucho más al sentir su caricia “¡Si no me correspondes, ¿por qué haces eso?!” Pensaba sintiendo como cada vez le costaba más trabajo contener las lágrimas- No sé cómo qué decirte –le contestó tratando de sonar lo más indiferente posible, sin dirigirle una mirada al mayor.

- Tal vez podrías hablarme sobre lo que soñaste hoy. ¿No te regañaron por llega tarde? –preguntó intentando que el menor entrara en confianza, pues notaba el cambio de ánimo del otro.

- Pues no, no me regañaron y no soñé nada –le respondió aun siendo indiferente, estaba triste y no tenía ganas de demostrar cosas que no eran ni mucho menos hacerle saber a su “amor imposible” que estaba triste, pues no le agradaba causar lástima ni hacer sentir mal al otro por su culpa- ¿Y tú?

William soltó un suspiro al oírlo, sabía lo que le sucedía, pero no quería mencionarlo ya que no sabía si era prudente hacerlo o no- Ya veo… Yo recordaba mi sueño en la mañana… por alguna razón lo he olvidado –rio con torpeza.

Michio rio un poco pero sin muchas ganas- Siempre tan olvidadizo –le dijo sin, aun, dirigirle la mirada, tratando de seguirle la corriente al mayor para no hacerlo sentir culpable por la situación.

¿No te ha pasado? A mí, me ocurre muy seguido –comentó, observando al menor- Lo siento, Mich... –se disculpó en voz baja, colocando una de sus manos en la mejilla del menor, el cual le sonrió melancólicamente- No te preocupes –le respondió sencillamente, pues no era su culpa- Yo quería... –comenzó a hablar el mayor, deteniéndose justo después- Iré a casa, olvidé mi ropa y tengo que cambiarme, ¿puedes acompañarme? –el menor asintió sin decir palabra. El ojiverde se puso de pie y le extendió su mano, sonriéndole un poco- Esta es la primera vez que me acompañas, así que déjame guiarte, ¿sí? –el ojiazul tomó su mano exclusivamente para levantarse, sonrojándose un poco y comenzó a caminar a su lado tratando de no hacer ningún contacto físico o visual- He notado que no me has dirigido la mirada desde que llegaste –comentó el ojiverde mientras caminaba rumbo a su casa, soltó un suspiro y prosiguió- ¿Por qué?

- Porque aún me siento extraño –confesó sin mirarle, sonrojándose y entristeciéndose al recordar el día anterior además de que por la actitud del otro, era obvio que no le correspondía pues trataba de no tocar el tema.

- No tienes porqué sentirte así. Si es por mi comportamiento, puedo cambiarlo –le sonrió leve e iba a acariciar el cabello del chico pero se abstuvo- En realidad, es la primera vez que me sucede algo así –rio un poco, continuando con su camino.

- No, no tienes por qué cambiar. Muchas personas me dicen que soy pequeño y que este tipo de cosas se me pasarán rápido, lo superaré –le miró, por fin, sonriendo con la misma melancolía de antes- Lo prometo.

- ¿Eso te han dicho? –continuó el ojiverde mirando hacia el frente- Cuando yo era más pequeño me decían lo mismo, también me decían que no sabía lo que quería o cosas por el estilo... Peo yo pensaba y sigo pensando que están equivocados.

- Tal vez tengas razón, pero en este momento me gusta pensar que lo que dicen es verdad –le contestó el ojiazul volviendo a agachar la mirada.

- Yo... no sé qué puedo hacer para que vuelvas a tener la misma confianza de ayer –suspiró, observándolo un momento para después volver su mirada al frente.

- Prometo tratar de ser el mismo de antes –le dijo volteando a verle ocultando, casi por completo, su tristeza. No quería que el mayor se siguiera sintiendo culpable por la situación pues era culpa del menor, no de William o eso pensaba Michio.

- Eso me alegraría bastante –le sonrió el ojiverde, observándolo también- Por cierto, esa es mi casa –señaló una pequeña casa un poco más al frente- Es algo pequeña pero prometo arreglarla cuando vivamos jun… -se calló en el último instante, decidiendo no terminar lo que estaba a punto de decir, no sabía que reacción tendría el menor al respecto.

Michio decidió ignorar el comentario, pensando en que sería lo mejor, aunque internamente lo sintió como una cuchillada en el corazón, lenta y profundamente- Es una bonita casa –mencionó tratando de sonreír como si nada sucediese.

- ¿Eso piensas? –sonrió amplió el ojiverde y le tomó de la mano al menor lo que provocó un ligero sonrojo en el rostro del ojiazul- Ven, te la mostraré –comentó para después jalarle un poco, corriendo hacia la casa. Le soltó una vez estuvieron frente a la casa para abrir la puerta, se apresuró con eso y se hizo a un lado, dándole pase al menor- Entra -entró el menor, agradeciendo la invitación, observando la casa- De verdad es muy bonita –mencionó el ojiazul- Gracias por el cumplido, pero casi siempre está desordenada –rio el mayor avergonzado mientras entraba a la casa, cerrando la puerta tras de si- Toa asiento, iré a cambiarme, estoy empapado y es un milagro que no haya comenzado a resfriarme –sonrió- No tardo –y dicho esto salió corriendo con destino a su habitación. Michio asintió y se sentó en uno de los sillones, observando la sala y esperando al mayor. William bajó después de unos instantes, y fue a sentarse a un lado del menor- Ahora estoy mejor –comentó divertido, sonriéndole al chico el cual le correspondió la sonrisa aun sintiéndose un poco extraño con sus sentimientos fluir en ese momento. William le invitó algo para beber y fue a la cocina por las bebidas y regresando con dos vasos llenos de jugo, entregándole uno al menor, quien agradeció- Mich... –el ojiverde, observó atento el líquido de su vaso, soltando un suspiro para continuar- Quiero que sepas, que eres alguien muy especial para mí... Y que me agradó escuchar lo que sentías por mí, me alegraste en ese momento.




Michio se quedó estático observando su jugo al escucharle, no sabía cómo reaccionar o que decirle por lo que optó por decir cualquier cosa- M-me alegra escuchar eso
El mayor llevó una de sus manos a la frente del menor para despejarla, acercándose poco después para depositar un breve beso en ese lugar- Te quiero, Mich
El ojiazul se sonrojó por completo, sorprendido ante la acción del otro. Su corazón se aceleró y eso se podía notar al observar como brincaba levemente su pecho, “¿por qué me decía eso? Es obvio que solo me quiere como amigo. ¿No era ya suficiente tener que actuar frente a mi mejor, y único, amigo lo que sentía por él? ¿Por qué tenía que hacerme sentir peor? ¡No me confundas más! No quiero perderte”- Gracias, Will –fue lo único que pudo decirle, no se atrevía a responderle con un ‘yo también te quiero’ ¿qué podía hacer él en esa situación? Él tenía 15 años y el mayor 25, había una gran diferencia, diez años, solamente 10 años. Era un amor imposible, ¿qué más podría pasarle a Michio? Nada podría hacerlo sentir peor, ya no tenía esperanza en el amor, siendo la primera vez que lo sentía, ¿qué podía ser peor? Lo único que tendría que hacer es olvidarse de sus sentimientos sinceros hacia su único amigo.